sábado, abril 29, 2006

Ne.Me.t: Crónicas del Vampiro.

Fragmento Segundo: La Gran Guerra Vana*

Antes de los albores de este mundo, existió otro que llegaba a su fin. En aquel tiempo los dioses se manifestaban a través de los seres que los adoraban, por medio de extrañas visiones y también mediante sus propios avatares, entidades llenas de magnificencia. Al final de esa edad, acaeció la -por mi llamada- Gran Guerra Vana, que llamó a la lucha a casi todas las entidades celestiales y que quebró la paz de toda Er’rath.

La contienda comenzó con el alzamiento del bien absoluto sobre todas las fuerzas, un bien absoluto dispuesto a destruir todo mal y toda mácula de este mundo, guiado por un poderoso y milenario paladín elfo. Para contrapesar la balanza los agentes de la neutralidad enviaron a Satnaupanea el vampiro para tratar con los agentes del mal y juntos liberar a Osak, el señor del mal, de su prisión en la luna negra de Er’rath.

La misión se extendió y el campeón del bien absoluto guió su hueste aplastando a sus oponentes, incluso contra la ciudad de los elfos de los bosques, sin embargo, y contra todo pronóstico, Osak fue liberado y la luna negra estalló en los cielos limpios del mundo, haciendo que los fragmentos del satélite causaran el primer mal del dios oscuro a Er’rath.

Satnaupanea sintió vergüenza por lo que había hecho y compasión por el mundo al que había herido con sus acciones, y se recluyó en la profundidad de la tierra mientras los desastres naturales posteriores mataban a seres sin distinción, incluidos amigos y cercanos. Pero los caballeros grises eran guiados por las señales del dios Elinad y a pesar de todo continuaron la cruzada, ahora enfrentándose contra ambos bandos –tanto el bien como el mal.

La Guerra no tuvo un desenlace claro, sólo muerte y perdición. Fue extraño que nadie viera lo que pasaba como la antesala del fin de todo. Los dioses luchaban entre ellos y contra poderosos hombre, y estos últimos luchaban contra todo el que no estuviera en su bando. El premio eran las piedras de poder que se encuentran dentro de cada ser, el poder que provenía en un principio de Shooj –el dios padre y gran arquitecto- y que transformaba a los hombres en dioses y a los dioses los acercaba a la esencia de la supremacía.

En medio de eso, estaban los hombres comunes -y otros seres como elfos y enanos- que sufrieron las vicisitudes del conflicto y que nunca tuvieron conciencia de lo que pasaba en su mundo. Todos ellos al final perecieron.

Poco sé de lo que aconteció con dioses o los seres que participaron en la Gran Guerra, salvo algunos: Simth Arvanaith el primer vampiro murió en aquellas batallas junto con de uno de sus chiquillos, el dios Elinad sacrificó su vida para comenzar el Cierre de Er’rath, los dioses del miedo y la lujuria fueron muertos por Hagime el elfo, mientras que la diosa de la curación y el dios de la ley fueron absorbidos por Satnaupanea el vampiro.

Al final la guerra cesó abruptamente con la aparición de Thanatos, un dios todopoderoso y deseoso de destrucción. Los dioses que batallaban se retiraron a otros mundos al igual que los seres que pudieron encontrar vías de escape a otras realidades, pues, el primer emisario de Thanatos era la locura y el caos.

Miles de hombres, mujeres y niños en Er’rath se dejaron llevar por la frenesí y la demencia, destrozando las ciudades, matando a sus compañeros e hijos y arrastrándose ellos mismos al suicidio. La misma escena se repetía en cada sociedad y en cada especie y raza, los efectos se extendieron incluso al idílico paraíso élfico.

Luego de eso, pocos fueron los que regresaron a Er’rath, pues la presencia de Thanatos y su ejército demoníaco era seña de muerte y destrucción. Entre esos pocos que retornaron estaban Hagime el elfo –gran sacerdote de Shooj- y Sataupanea el vampiro, quienes habían sido ayudados por el dios Meidel el pensador. Este último otorgó a estos el Pergamino de la Creación capaz de traer un nuevo comienzo al mundo antes que la mácula de Thanatos tocara el mundo.

Hagime y Satnaupanea lucharon contra los demonios del ejército de las eternas tinieblas y las disputas eran a través del poder de la Piedra Interior, lo que hoy los hombres conocen como Fea, sin embargo fueron incapaces de superar a la innumerable hueste que llegaba al mundo a través de un nebuloso portal.

Sin muchas esperanzas el elfo y el vampiro se retiraron a una antigua biblioteca de la Orden de Milvas –grandes historiadores de los mundos- y comenzaron con el ritual a través del pergamino de la creación, mientras los esbirros infames buscaban por el mundo a los dos últimos seres de Er’rath capaces de evitar la venida de Thanatos mediante la consumación de la palabra sagrada de Meidel.

Al final, Satnaupanea y Hagime pronunciaron los himnos hieráticos del pergamino, y a pesar de ser alcanzados por la poderosa garra de uno de los generales de la oscuridad en el último instante, la creación se extendió por el mundo arrastrando con ella a la hueste demoníaca y sellando el mundo a Thanatos.

Ese fue el final de la Gran Guerra Vana y el comienzo de la que llamaré Segunda Era.



* La Gran Guerra Vana se produjo al final de la Primera Edad de Los Dioses –nos encontramos en la Cuarta Edad, según la cronología de este autor. Más documentación se puede encontrar en las tierras del desierto alamitha, donde hay un tomo escrito supuestamente por Satnaupanea Manases el vampiro.

Star Wars: La Crónica del Demonio y La Guerra de Sucesión Jedi.

Cuando decidí guiar una crónica de Star Wars estábamos en pleno apogeo de las precuelas de Lucas y en el Círculo Inconcluso reinaba una gran efervescencia –como buenos fanáticos del cine- por disfrutar en la pantalla grande de los duelos de sables de luz y las proezas de la Fuerza.

Era la ocasión precisa me dije. Soy un master que se cuelga de esas emociones, de esas fantasías que rondan tras algunos fenómenos del séptimo arte y que nos hacen delirar con personajes casi míticos y duelos extraordinarios. Ya una vez lo había hecho, tras subirme al tren del Señor de los Anillos y guiar una historia que llevaba a mis jugadores a imitar el heroísmo demostrado en la saga de Peter Jackson. Cosa que mis jugadores hicieron “más que bien”.

Así y con toda la motivación de las películas, y con cientos de páginas en la red dedicadas al tema, me dedique a idear mi historia en aquella galaxia muy muy lejana.

Así llegó a las páginas de mi cuaderno, la que llamé a modo personal, La Crónica del Demonio. Una Aventura acontecida 1500 años después de la Batalla de Yavin, es decir, muchos después de las películas narradas por GL. La historia que quise contar era la de un maquiavélico sith y algunos héroes a los cuales se les ocultaba una escalofriante verdad acerca de ellos mismos.

La campaña fue bastante bien creo. Partiendo con aventuras simples, a modo de que los personajes se conocieran e interactuaran entre ellos, para que luego de un corto tiempo, y en forma conjunta, tomaran los trozos del rompecabezas que les ofrecía y los llevarían a la línea principal del relato, a saber la verdad -que no eran lo que pensaban, ni quienes creían- y como todo lo que les acontecía los arrastraba hacia un viejo y poderoso sith, el demoníaco Darth Demontre.

La aventura contaba con seis jugadores, tres caballeros jedi, un iniciado en la fuerza, un soldado y un técnico wookiee. Debo admitir que conforme avanzaban las sesiones noté algunas características de nuestro juego: uno que otro no sintonizaba con el grupo, otros jugadores deseaban el protagonismo mientras que otros no supieron aprovechar el protagonismo que les ofrecí. Sin embargo, y a pesar de mis temores y de las breves separaciones que hubo dentro del juego, la campaña terminó con todos sus jugadores y dentro de los márgenes de la historia –unos márgenes muy amplios.

La Crónica del Demonio dio paso a la Guerra de Sucesión Jedi, con las consecuencias de las acciones de Demontre, los héroes y muchos otros en la vida de la galaxia, la república y la Orden Jedi. Esta última en caos tras diez años de discusiones filosóficas y desacuerdos insalvables entre varios caudillos jedi, anarquía que se suma a la desconfianza de la clase política y la sociedad de la galaxia frente a la milenaria orden y las consecuencias de sus acciones en la ascensión del lord sith Demontre.

Ahora nuestros héroes caminan en un universo que les da la espalda, sin una Orden Jedi que los respalde y con la necesidad de demostrar al universo que aún existe la resolución y la voluntad para traer el cambio y/o la estabilidad a la república.

Aquí comienza la historia, que será narrada en las próximas páginas espero.

jueves, abril 27, 2006

Nemet: Crónicas del Vampiro.

Fragmento primero: Albores de la No Vida.


No recuerdo bien mi pasado, mi nombre es un misterio incluso para mi mismo. Apenas reconozco mi propio ser tras los miles de años de sueño inmortal. Como si mis memorias me hubieran sido arrebatadas -al igual que lo que me hacía divino- por Isamu Máscara de Lágrimas antes de su partida más allá de este mundo sellado.

Pero dudo que aquel dios se interesara por su oscuro homúnculo, a quien dejó a su propia suerte. Y el cual sobrevivió, hasta llegar a esta extraña época.

Recuerdo que era invierno e iba junto a un grupo pequeño, no más de cuatro o cinco personas –no recuerdo bien, esos detalles son vagos en mi rancia mente. La travesía se hizo peligrosa sobre la nieve y el viento gélido, sobrevivíamos a duras penas con las pocas reservas de comida y los peligros de ese invierno. Poco a poco la desesperación ganaba un trozo de nuestro espíritu, especialmente cuando el alimento escaseaba y tuvimos que comer la carne de un hombre muerto que encontramos en la nieve y luego a uno de nuestros propios camaradas de caminata.

Pensé en que no lograríamos pasar una noche más y que el invierno se quedaría con nuestros cálidos cuerpos; sin embargo, cuando toda esperanza estaba perdida y reposar en medio del frío y la tormenta para esperar nuestra muerte era todo lo que teníamos en este mundo Él nos encontró.

Nos recogieron y nos cargaron sin que nosotros nos opusiéramos, ya no teníamos fuerza para combatir ni plantear resistencia. Sólo nos dejamos arropar y tiritando sentimos como éramos transportados durante días por las montañas. Más tarde me enteraría que los sobrevivientes habíamos sido sólo dos: Soliana la semielfa y Satnaupanea el elfo –yo mismo.

Desperté en su castillo, una gigantesca mole de piedra fabulosamente firme y antigua, con un entorno inhóspito y silencioso. Un viejo baluarte alejado del mundo, donde una impresión umbrosa y omnipresente llenaba las esquinas y los recovecos de cada pasillo y habitación, como si la mácula viva del mundo se extendiera desde el corazón de la fortaleza y ocultaran los caminos a los vivos. Pero la sombra podía ser una proyección de mi corazón me dije y me negué a ver la verdad tras el retorno de mi salud y mi fuerza.

Mi anfitrión era un hombre imponente, un elfo en realidad, sin embargo su mera presencia bastaba para imponer el silencio o dar la pauta a la siguiente conversación. Nos recibió con muchos lujos y honores, preocupándose de nuestra pronta recuperación e interesándose ciertamente por nuestras personas. Al parecer cierta fama me había alcanzado al Oscuro Continente del Este, especialmente una vez destruido el todopoderoso demonio llamado Dar’Morsu. Aunque poco se sabía que yo mismo había muerto en aquel duelo y revivido posteriormente por mi dios Elinad y transportado al corrupto Este desnudo, en mitad del invierno y tan sólo con mi espada.

Soliana y yo aceptamos la hospitalidad de nuestro señor Simth Arvanaith, dueño del castillo y sus alrededores, y nos quedamos en aquel lugar por largo tiempo. Así que los paseos eran largos por los alrededores y la relación con Soliana se estrecho más allá de mis íntimos pensamientos, así que empecé a pasar no sólo los días si no las noches con la semielfa.

El señor Simth a la vez se mostró como un fiel vasallo de Elinad –al igual que yo-, así que pronto trabamos cierto respeto y amistad, como la de un veterano guerrero con un muchacho inexperto. Está más decir que yo era el joven inexperto.

Nuestro anfitrión me invitó a conocer a más camaradas y a visitar lugares lejanos donde la impronta de los dioses se hacía más fuerte. Entonces me habló del secreto de su naturaleza, de su don oscuro y su esencia vampírica… y de otras cosas que no recuerdo. Conversaciones que se han perdido en el tiempo de mi mente.

Los días que siguieron fueron de reflexión y cambio, tanto por la revelación de Simth como por la cruenta guerra que se avecinaba en el mundo. Un conflicto que decantaría que fuerza dominaría la realidad por los siguientes siglos y que dioses se alzarían con la victoria y cuales caerían en el olvido o la muerte.

Fue en esos días -y bajo el temor que las fuerzas absolutas del bien y el mal acabaron venciendo- en los que me uní al Ejército de la Hermandad Gris, y acepté el ofrecimiento de Simth Arvanaith -incluso después de la revelación de Soliana que mi hijo crecía en su vientre- de ser parte de su estirpe.

Entonces determiné convertirme en un no muerto, un vampiro de la casta del poderoso Simth Arvanaith. Solo así creía que favorecería a mi causa y sobreviviría la guerra contra los mismos dioses.

La noche de mi transformación le pregunté por enésima vez a Soliana si ella estaba de acuerdo, sin embargo, ella seguía con la intención de no intervenir en mis decisiones. La acaricié y la abracé mientras nos recostábamos en nuestro lecho por largo tiempo hasta que un criado de rostro inmutable tocó a nuestra habitación.

Ya era hora.

Caminé por los pasillos siguiendo la sombra del criado mientras en mi imaginación miles de ideas cruzaban el espacio de mi mente. Parecía hacer más frío que nunca y mi corazón latía muy fuerte a cada paso que daba. Las sombras se extendían por el castillo y los espacios que atravesaba parecían estar mudos. De pronto salimos hacia un gran patio donde el Señor Simth me esperaba, una serie de antorchas rodeaban una extensión del patio donde había columnas de piedra antiquísimas y un pequeño altar de roca gris y desgastada. Seguimos hacia el altar donde el amo del castillo aguardaba plantado sombrío como una umbría estatua, en aquel momento reparé en la presencia de más de una docena de doncellas, muchachas vestidas de blanco y miradas extraviadas que tiritaban por el frío nocturno.

Me pregunté que harían aquellas mujeres en aquel lugar y cómo habían llegado aquí y de dónde, pero muchas otras preguntas reemplazaban a las anteriores en la breve distancia hasta el altar. El criado se retiró y seguí directamente hasta donde mi anfitrión que vestía una túnica negra con bordados de plata. El me preguntó si estaba seguro, si estaba preparado para abrazar la muerte… Yo, ingenuo, dije que si. Entonces se acercó y le ofrecí mi cuello mientras cerraba mis ojos y esperaba que todo terminara pronto. Pero nada es como uno espera en los caminos del mundo…

Sentí el dolor de los colmillos en mi carne, enterrándose vehementemente en mi cuello hasta alcanzar mi vena, con la aflicción llegó el reconocimiento de la ignorancia a lo que me enfrentaba y el conocimiento de hacia donde me conducía este sendero. Luego aquel dolor se empezó a mezclar con el placer de la liberación, mientras mi vida era succionada y se apagaba átomo a átomo. Sin embargo, una parte de mi luchó y se resistió, tal vez era mi alma o mi cuerpo que se resistían al cambio, a la anormal transformación que se avecinaba… o simplemente era el espíritu resistiéndose a la muerte.

Cuando la última gota de sangre fue alejada de mi cuerpo y el postrero hálito vital se disipaba y, por último, la muerte me arropaba con su inescrutable manto sentí una gran paz. Quería dejarme arrastrar por esa sensación de serenidad y armonía, por aquel olvido que nos arrebata la conciencia y el conocimiento de nuestra infamia. No obstante, y de manera profana, la poderosa llamada de la antigua sangre maculada en mi boca me despertó a la no vida y junto a esa existencia despertó conmigo también la insaciable sed, la innegable necesidad de sangre y el frenesí del demonio interior.

Más de una docena de doncellas lograron calmar mi sed y mientras le desgarraba el cuello con mis colmillos a una de aquellas inocentes criaturas descubrí que no estábamos solos, desde lo alto del castillo Soliana había visto el horror de mi transformación y de mi nuevo estado.

A pesar de todo –del remordimiento, de la tristeza y la vergüenza- no pude dejar de beber de aquellas mujeres hasta que me sentí saciado y la bestia íntima se alejó.

Mi maestro me ayudó y acompañó en mis primeros pasos como vampiro, algo que descubrí poco a poco y con la guía de Simth Arvanaith, el primer vampiro. Así también un infinito número de caminos y poderes se abrían en mi mente inmortal.

Más tarde cuando retorné a través de un castillo que mostraba muchas menos sombras de las que había apreciado a la habitación que compartía con Soliana, la encontré en la cama, despierta a pesar que parecía dormir. Había estado llorando y yo me acerqué para consolarla. Fue entonces que olí y leí en sus ojos el miedo. Sólo entonces me di cuenta de la magnitud y las implicancias de mi decisión. Un momento de duda en el que desperté a la realidad de nuestra trágica existencia, y de nuestra eterna ignorancia.

Entonces -a pesar de mis propios temores, de los oscuros designios y vicisitudes- la consolé, la abracé fuertemente a ella y a nuestro hijo. Sin embargo, yo sabía que no sólo lo hacía por el consuelo o la tristeza… mi gélido cuerpo anhelaba el calor de su cuerpo.

miércoles, abril 26, 2006

Stars Wars: De la correa de Ravan

una segunda historia... disculopen si voy rápido con esto de la ambientación.

De la correa de Ravan.

Una vida de perros. Eso es lo que diría que se vive en el Salón de Ravan X. Tein, en un complejo de algún lugar del universo. La suerte no les sonrió esta vez a los malditos brujos de la fuerza. No si no… por los dioses y las santas vainas de carreras que me sorprendí cuando se me asignó a este lugar.

Yo era un soldado algo más joven que ahora, que ya he alcanzado los 31 y tengo un par de parches de servicio por la república en el Borde y en la Toma de Muunlist. Jodida guerra de brujos, aún recuerdo demasiadas cosas que pasaron aquel día… muchas jodidas cosas que no quiero recordar.

Por eso pedí el retiro involuntario, para disfrutar de la vida. Una vida de lujos y orgías que me duro apenas 9 meses. Condenados pocos créditos y límites de tarjetas de compras… todo se fue al chorro en 9 meses.

Así que tuve que volver al trabajo, pero esta vez quería hacer dinero rápido. Y que mejor forma que la de un soldado a la venta. Debo decir que mis primeros trabajos no fueron lo que esperaba, pero luego la suerte me sonrió. Quien podría decir que una compañía de robot de limpieza pagara tan seguido y tan bien.

Claro que al lugar que fui asignado no correspondía a una fábrica de hojalata con cerebro. Más bien me parecían laboratorios y centros de investigación. Pero nos pagaban bien y eso incluía controlar nuestra lengua fuera del trabajo. Y no pensar demasiado diga sea de paso.

La primera vez que vi a los "perritos falderos" no los tomé por tal. Parecían más bien sujetos algo asustados, pero ni en mis pelos me imaginé que eran brujos jedi ni nada por el estilo. Sólo sentí cierta compasión por los estúpidos esos, pero nada más. Así que no me llamó la atención de sobremanera, excepto cuando escuché los comentarios a bajas voces de los soldados asignados a "La perrera".

Esos imbéciles deberían ocuparse de lo suyo en vez de estar transmitiendo rumores en los pasillos. Seguro que alguien se va de lengua y mis créditos no seguirán subiendo en su cuenta.

La cosa es que con el tiempo todos nos enteramos que los perros eran al parecer jedis capturados y con los cuales se experimentaba. Algo en lo que no quise profundizar, sin embargo, empecé a hacer planes para huir a otro lugar de la galaxia.

Claro, esos planes nunca se concretaron, pues, la situación parecía bastante controlada. Y mi paga aumentó a casi el doble. Y una nueva asignación: El Salón de Ravan.

Aquí la cosa era más cruda. Los perros eran golpeados y tratados peor que en otros centros, pero a despecho de mis propias simples ideas de la libertad, los perros parecían sumisos y muy dispuestos a complacer a sus amos.

Tal vez fuera por la extraña correa plateada en su cuello o las cadenas que los ataba a los brazaletes de sus amos. No sé y no quiero saber.

Sin embargo, si me importaba el trabajo sucio que tenía que hacer. Transportar los cuerpos de los desgraciados que habían muerto en los experimentos, capturar a los pocos que lograban escapar y borrar las huellas de todos esos entuertos.

Poco me gustaban todos esos trabajos. Impartir órdenes es una cosa, pero la cláusula que llenaba mi contrato de "observar personalmente la ejecución de mis órdenes" no me permitía incumplir mis obligaciones como yo quería. Aunque podía hacer la vista gorda o mirar para el lado, especialmente cuando te pagan lo que te pagan.

No me quejo, aunque estar de la correa de Ravan no es de lo más estimulante, no es "estar de la correa de Ravan" literalmente.

A veces siento pena por los condenados perros… animales complacientes y sumisos… Pero sólo a veces siento pena, también recuerdo que fueron arrogantes brujos jedi… Entonces -a veces- también sonrío.

Stars Wars: Caminando al borde del abismo.

Bueno, auquí les va una pequeña historia introductoria para que nos empecemos a poner en ambiente... planeo masterear de este fin de semana al otro. El Viernes de la semana que viene.

Así que espero la presencia de la mayoría de Uds...

Caminando al borde del abismo.

Kafín observó el pasaje oscuro con cierta suspicacia, la basura se apilaba a ambos lados y sobresalían un par de ratas famélicas entre los bultos sucios que eran un par de vagabundos. Apuró los pasos y giró en una esquina hasta alcanzar la avenida solitaria.

Hacía menos de 2 meses que se encontraba en aquel lugar de la galaxia, se había acostumbrado a moverse rápido cuando salía de su escondite por comida o información. Nunca era lo suficiente precavido desde que había dejado Corouscant, luego del colapso de la Orden Jedi por la aparición de numerosas corrientes en el estudio de la fuerza.

Había tardado menos de 10 años para que el caos originado en la Batalla de Munnilist llegara a los mismos pilares del templo Jedi. La estructura se erosionó con la aparición de antagonistas filosóficos discutiendo en la misma Biblioteca de la Orden. Los pocos maestros que habían no habían podido hacer callar a los muchos oradores dispuestos a llevar a la "verdadera senda" a la Orden… malditos necios sin una pizca de sabiduría. La mayoría habían vivido la guerra de cerca, ya sea en Selonia, Yavin IV o Munnilist, pero que poco habían aprendido acerca de las consecuencias de ésta en la Fuerza, en especial cuando se enfrentan sith, jedi y de por medio está un artefacto del lado oscuro tan poderoso.

Lo malo de esta era es que los caballeros jedi piensan más con su espada que con la cabeza, menos con el instinto en la Fuerza –se dijo sobriamente el caballero. Ahora había poco que hacer hasta que la resonancia de la Fuerza se normalizara. La guerra provocó un eco en La Fuerza que aún resonaba… pero cuanto duraría.

Siguió caminando, tan sigiloso como podía. Una sombra parecía querer asomar en su cabeza, pero sabía que era sólo su susceptibilidad. Tenía que apresurarse a llegar antes que avanzara aún más la noche.

Cruzó la plaza donde unos pocos puestos de comida rápida despertaban el interés de los pocos transeúntes de aquella noche. Pensó en comprarse uno de esos perros calientes ithorianos tan famosos, pero desecho el deseo. Tenía que apresurase, era mala noche y ya eran cerca de las 3 de la mañana.

Un par de guardias vestidos con uniformes verde, con grandes cascos y un par de bláster de alta potencia a su costado lo miraron amenazantes mientras se aproximaban, consiguió agachar la cabeza sumisamente mientras llevaba subrepticiamente una mano al sable de luz y esperaba.

Nada pasó, excepto que los vigilantes posaron su atención en un par de prostitutas que deambulaban en una esquina donde un par de luces de neon colgaban sobre un desgarbado edificio.

Redobló la marcha por las vacías calles, pensando en su joven y bella padawan Sibicia. Soñaba mucho con ella desde su muerte en Cal-Seti. No había sido fácil superar su perdida, especialmente porque hacía poco comprendió que se había enamorado de ella. Una y otra vez en sus sueños rememoraba formas de cómo iba a decirle que la amaba, sin embargo, despertaba llorando porque al final siempre se daba cuenta que ella estaba muerta… asesinada por aquellas siluetas negras de sus sueños.

La noche de su muerte maestro y padawan habían estado investigado la muerte de un empleado de una corporación de tecnologías, el maestro -por sugerencia de su discípula- había cobrado una buena suma de créditos por realizar la investigación. En especial por que el empleador era una rica mujer amante del desgraciado empleado. El dinero era necesario desde que a la Orden le habían revocado el presupuesto del senado para su implementación y logística. Y lo fue más importante cuando la Orden se dividió y sectores del senado aprovecharon para clausurarla… maldición, como si fuera un jodido puesto de venta de salchichas ithorianas… (realmente quedé con ganas de comer ese jodido embutido se dijo Kafín).

Hasta el momento sólo habíamos encontrado indicios de fuentes poco fidedignas y algo de papeleo acerca de desvío de fondos hacia algún lugar del planeta Cathar, pero nada que conectara el crimen con algo o alguien en específico. Fue esa noche sin embargo, que nos encontraron, apenas a unas cuadras de la casa de esa rica mujer y luego de comer cerdo cathariano a las brazas con salsa de judías traídas desde Dantoine.

El primer haz de luz dio de lleno en Sibicia que me abrazaba risueña y coqueta en medio de la calle. Tres disparos más alcanzaron a mi hermosa padawan antes que la sonrisa se perdiera y fuera reemplazada por la expresión vacía de la muerte.

Saqué mi sable de luz y arremetí lleno de ira en pos de las figuras oscuras del otro lado de la calle. Esquivé los disparos y los zumbidos aumentaron desde los techos cercanos. La acera se iluminó mientras el olor de carne quemada y muerte penetraba en mis fosas nasales. Combatí sin descanso durante un largo minuto, pensé estar combatiendo más, pero fue el eterno instante final en que me di cuenta que estaba perdido.

Miré el cuerpo tirado sobre la acera y decidí lo que tenía que hacer en los 2 segundos más largos de mi existencia. Entonces mientras se descargaban láser que iluminaban la acera corrí calle arriba, a través de los callejones y pasajes laberínticos de aquel lugar… y seguí huyendo, durante días… sin dormir, sin descasar… sin dejar de pensar en Sibicia.

Se detuvo un momento y trató de centrar su mente al modo jedi… parecía tan lejano todo, pero a la vez todo estaba tan a flor de piel.

Falta tan poco se dijo el caballero… alcanzó el largo pabellón que conducía hasta su refugio y caminó lentamente. Dos figuras encapuchadas esperaban en el exterior. Kafín Zwalet sacó el sable de luz y preparó sus sentidos para el combate. Sin embargo, una de las figuras se quitó el velo que cubría su rostro.

Sibicia – pronunció sorprendido e ilusionado Kafín.

Y la luz del blaster iluminó el pabellón por un momento. Eran las 3 de la mañana en punto.

Stars Wars: epìlogo campaña anterior

Bueno, aquí les envío el epílogo de la Campaña anterior para que entremos en onda...

Epilogo.

El general y maestro jedi Mantra Yamato lanzaba órdenes a diestra y siniestra antes de salir al espacio, diversos comandantes, generales y capitanes le respondían en una de las 7 frecuencias codificadas de la república ultimando los postreros detalles de la batalla, sin embargo, Mantra se preguntaba que encontrarían cuando el viaje hiper lumínico terminara y cómo evitar la mayor cantidad de bajas tanto de su bando como sith.

Mantra era joven, pero había hecho carrera en solitario o junto a sus amigos por varios años en el anillo exterior, nombrado maestro jedi hacía sólo 40 horas, ahora dirigía el Musashi, uno de los destructores de la república más avanzados. Junto a él estaba Thya Macnamara, su aprendiz, y Z0R1 su droide de protocolo, quienes coordinaban los esfuerzos con los batallones de cazas jedi que participarían en la batalla.

El capitán Ur Bantik del Soldado Solitario alineaba su nave poco después de salir del hiperespacio cerca del planeta Muunilinst, donde se encontraba la flota sith. Segundos después emergieron los componentes de la flota republicana, poco a poco, llenando de naves de batalla el espacio Muun. Sonaban las sirenas para aprestarse en las estaciones de batalla, se sabía que un grupo jedi había irrumpido en la estación sith, pero no había comunicación con ellos y era improbable que lograran mucho según los datos que se conocía acerca de la estación sith.

El Almirante Drevonian ordenó el despliegue de 3/5 partes de la flota para contrarrestar la flota sith, mientras el resto se dispondría para dar caza a la Zarpa del Tártaro.

En dos cruceros defendidos por 20 docenas de cazas estelares los maestros Jedi Ñigo Calis, Riannon Telegondar y Amin Aura, junto a los caballeros Kuenë Verzhova y Devid Hank se aprestaban a combatir en la capital Muunlinst donde los sensores mostraban actividad sith. Debían evitar el apoyo de la flota sith estacionaria en el planeta.

Drevonian enfiló hacia la flota abriendo fuego hacia los destructores con protones de largo alcance construidos por ingenieros corellianos y dispuso varios escuadrones de cazas estelares en dirección al Gorgona II a las órdenes de Alan Ku y el Kalak de Cobre que avanzaba escoltado por Crokop, el contrabandista Twielek y su esplendido Lobo Quemado.

La batalla comenzó mientras la flota liderada por el Musashi hacía un rodeo para alcanzar a la Zarpa por uno de sus flancos mientras el maestro Yamato esperaba el momento de comenzar con su meditación de batalla.

Los minutos pasaban y la batalla se hacía más cruda, varios destructores y cruceros, así como muchos cazas habían sido destruidos o deshabilitados, ya sea del bando sith o de la república. El gran problema para aquellos que combatían a los sith era la Zarpa, pues, ésta concentraba sus megacañoneras en un objetivo y era capaz de destruirlo en cosa de segundos, por lo que ningún destructor o crucero republicano se atrevía a acercarse, concentrando el ataque a la estación en los cazas que a la vez combatían con los infiltradores espaciales sith.

Una comunicación desde la Zarpa del general y Jedi Rhys Avalûx, anunció que tenían problemas dentro de la nave y que la misión había fallado… poco después se perdió el contacto con él y sus caballeros jedi. La esperanza disminuía a pesar de que la diezmada flota sith se reunían en torno a la Zarpa del tártaro, hubo un minuto en que toda lucha cesó y la estación de guerra flotaba en el espacio rodeada de los más fieros y valientes de la república, que sin embargo, no podían acercarse, pues, la estación los despedazaba en unos segundos.

Mientras tanto en tierra los jedi luchaban incansablemente, las tropas sith de ocupación eran numerosas y la batalla se desarrollaba en las calles de una ciudad desierta hacía días. El maestro Ñigo dirigía un batallón hacía una cañonera que evitaba el desembarco de hombre a corta distancia, mientras que los otros Jedi marchaban para capturar la sala de control de droides en el centro mismo de la ciudad, apestado de sith y trampas.

Alan Ku comprendió que no lograrían nada sin destruir las megacañoneras de la Garra del Tártaro. Así que habló a sus hombre que comprendieron sus intenciones y enfilaron tras del Kalak de Cobre.

El silencio que había reinado por largos minutos se rompió y los láser y turboláser rompieron también la oscuridad de la noche espacial. Sin embargo, los cazas esquivaban la mayoría de los blaster y, a pesar que muchos compañeros caían a sus espaldas convertidos en ceniza espacial, no sesgaban en su intento de alcanzar la estación y cuando lo hacían disparaban sus torpedos de protones con un grito de guerra en todas las frecuencias para luego estrellarse con las baterías de la zarpa y unirse para siempre a sus compañeros de la CARGA DEL KALAK DE COBRE.



Yamato vio explotar una a una las naves contra las cañoneras principales de la Zarpa y la tristeza de la pérdida lo inundó, su batalla meditativa no había sido suficiente para salvar a los valientes pilotos ni ayudar a los hombres que aún se debatían dentro de la Zarpa que por algún motivo contrarrestaba su meditación de batalla.

Se repuso unos segundos después y ordenó al Musashi y la flota que lo escotaba ir hasta el límite de los cañones y disparar contra uno de los dos destructores que aún quedaban en el bando sith. Los turboláser del Musashi impactaron profundamente y los protones dieron tan cerca de la sala de control del acorazado sith que perdió absolutamente el control.

Fue entonces que la flota liderada por el Musashi enfiló aprovechando la sombra del destructor y desplegó los capuchas blancas y los jedi starfighters.

En ese mismo minuto un maestro jedi se lanzaba contra Demontre en la misma sala de control de la Zarpa del tártaro…

En tanto, el almirante Drevonian organizaba un ataque contra los cruceros alrededor de la Zarpa, también aprovechando la sombra de éstos. La república aprovechaba que la flota sith estaba reunida para usarla como escudo contra la Zarpa.

La zarpa no dudó en disparar contra sus propias naves con tal de detener la carga de los héroes de la república, la mente de Demontre trabajaba en dos partes, parte de su ser se había fusionado a la Matriz Inmortal, sesgando en parte sus posibilidades de traspasar su esencia mediante su dominio del lado oscuro, solo cuatro clones que descansaban en la misma cuna eran su posible forma escape de su actual cuerpo. Sin embargo, ahora sus capacidades estaban al máximo al enfrentarse a los héroes que se habían presentado en la cuna de la purga y a la vez a la flota estelar.

Mientras tanto el caballero jedi Devid Hank caía muerto en la capital Muun mientras Jedis y soldados republicanos luchaban codo a codo para lograr el dominio absoluto de la sala de control de droides. Mientras tanto, en ese mismo instante, el maestro Ñigo levantaba su puño al cielo al tomar los turboláser antiaéreos sith y observaba mientras se daban las órdenes de ingreso de las tropas de asalto republicanas, que raudamente desembarcaban en apoyo de innumerables escuadrones que combatían a los sith.

La batalla sobre el planeta Muunlinst continuaba, los sith se defendían mientras la Zarpa disparaba a diestra y siniestra contra sus adversarios, sin importarle si su fuego atravesaba una nave aliada. El Musashi estaba a distancia para utilizar sus turboláser más poderosos y así lo hizo, apuntando directamente a la cola de la Zarpa, aprovechando un hueco en las defensas sith. El impacto fue devastador para la Zarpa y varios de sus proto-impulsores rakatanes fueron inutilizados.

La lucha se decantaba mientras Demontre parecía vencer en el cuarto de comandos de la Zarpa, en la misma Matriz Inmortal. Sin embargo, su fuerza se desvanecía y tres de sus cuatro clones habían sido destruidos. La lucha final contra el maestro Kee Odo lo llevaba hasta el límite, pues, comprendía que el artefacto del lado oscuro lo abandonaba en los últimos momentos de aquella gran batalla. La matriz había sobrepasado el límite y empezaba a funcionar anormalmente al ser alimentada con las energías luminosas de los Jedi caídos.

El Musashi disparó nuevamente mientras disponía sus escudos en el frente para evitar la ráfaga de láser de alta densidad que se dirigían desde la zarpa, los disparos se cruzaron mientras una veintena de protones desde el Musashi incendiaban el espacio con su carga de explosivos anaeróbicos. La zarpa fue golpeaba duramente cuando el Destructor de Mantra Yamato giraba sus escudos mientras torcía su ruta para evitar nuevos impactos desde la Estación Sith.

Demontré golpeó mortalmente al maestro cereano utilizando el poder postrero de la Matriz Inmortal, luego quiso abandonar su cuerpo e ingresar al último clon ocupando su disminuido poder del lado oscuro, sin embargo, no pudo. La Matriz golpeada en su estructura y por los poderes luminosos se había alterado a tal punto que había alojado en el último clon la esencia de los vencidos jedis en vez de esperar la esencia de Demontre. Sólo le quedaba escapar de algún otro modo. Sin embargo, vio su fin al ver a un simple humano no sensible al increíble potencial de la fuerza.

El soldado solitario caía, su casco no había soportado más y había perdido el control precipitándose a tierra. El Capitán Ur sangraba por un corte en una ceja mientras apoyado en el sillón de mando encendía un cigarrillo y miraba por última vez el inmenso espacio, le pareció ver que la Zarpa encendía sus motores y dado los daños que estos presentaban se movía irremediablemente hacia espacio Muun, pero eso no le preocupaba ya, el golpe del Soldado Solitario con la atmósfera a altísima velocidad provocó su fin en menos de 20 segundos.


El llanto de la república.

A pesar de la derrota Sith en la Batalla de Muunlinst la galaxia no consiguió conservar la estabilidad suficiente, los escasos componentes sith que habían sobrevivido se perdieron a pesar de la caza que ordenó el senado. Esta caza fue secundada por la orden Jedi que vio en el posible establecimiento de una nueva fuerza sith un peligro para la galaxia, sobretodo con el secreto que cargaban unos pocos: Demontre tal vez había sobrevivido.

El planeta Muunlinst fue sitiado e inspeccionado en busca de sobrevivientes y de agentes sith, ni siquiera los restos de la Zarpa del Tártaro, destrozada en el periferia de la capital Muun, daba la seguridad de que el tenebroso Señor de los Sith hubiera desaparecido. Sin embargo, la historia del Caballero Jedi Belroo y un soldado llamado Aiken Drumm decían que Darth Demontre había acabado con su vida tras la batalla que se había sostenido entre el lord tenebroso y un grupo de valientes. Cosa que fue verificada por las últimas grabaciones de la estación sith que milagrosamente se salvaron… la pregunta era ¿Qué o quién más se había salvado?

Toda la república de sistemas libres vitoreó a los héroes, uno a uno, a aquellos que habían sobrevivido, pero sobretodo a aquellos que habían dado su vida por la libertad y la paz de todos los seres de la galaxia. Sin embargo, la paz y la esperanza de una era apacible terminaría pronto.

El eco de la guerra se sentía profundamente en la corteza del planeta Muun, 2 años después de la guerra el llamado profeta Jains Vitoraka y un grupo de fanáticos quiso hacerse con los restos de la Zarpa. Los Jedi y los soldados de la república que guardaban el sector dispararon y utilizaron sus sables de luz, sesgando la vida de más de 600 seguidores del enigmático visionario ithoriano. El incidente caló profundamente en la república y una investigación posterior condujo a una insólita conclusión: 4 capitanes y 3 caballeros Jedi junto a sus pelotones habían roto la cadena de mando y utilizado la violencia sin mediar provocación aparente.

Los caballeros Marka Delkhien, Enyir Kinthana y el otrora general y héroe Mantra Yamato, que estaban a cargo de la operación en territorio Muun, fueron llamados ante el alto consejo jedi y el senado para explicar los hechos. Sin embargo, los dos primeros huyeron junto a tres de los cuatro capitanes acusados de los actos en Muun, mientras que el maestro Tantra Yamato era enjuiciado en un proceso bastante censurable y puesto en un recinto de alta seguridad de Coruscant.

Sin embargo, había grandes contradicciones entre la gente común, pues, algo debía haber mal en la república para que grandes héroes y capitanes de la república le dieran la espalda a todo lo que habían protegido y amado en el pasado.

Muchos otros Jedi vieron este acontecimiento como una traición al código, otros como una equivocación del senado o el alto consejo, la orden se dividió y hubo en cosa de años numerosas facciones, no pocas de ellas cayeron hacia el lado oscuro de la fuerza. Pronto hubo cierto grado de anarquía y grupos paramilitares que eran liderados incluso por Caballeros Jedi de renombre.

Se sucedieron los asesinatos de senadores, Caballeros Jedi y gobernadores en el borde exterior, así como otros funcionarios y gente que estaba en la mira de algún grupo armado. La orden perdió su fuerza y capacidad para defender a la república, los maestros y caballeros Jedi que sobrevivieron, para no ser fruto del odio de sus pares del reverso tenebroso de la fuerza, casi todos aquellos Jedis que iban quedando, se escondieron o agruparon en regiones alejadas y olvidadas del espacio y así evitar los años del oscurantismo y la Guerra de la Sucesión Jedi…

Soren II

VISTO LO VISTO Y LEÍDO LO LEÍDO:

1. Maldito Zúñiga (o sea, Baliant).

2. Hay poco tiempo para la misión, así que, como ya había dicho:

a) Trato de infiltrarme de noche en el castillo del duque. Trato de ir VOLANDO e INVISIBLE (ritual que fortalezco sinérgicamente con las palabras BARRERA+VISIÓN, BORRAR+AURA o BORRAR+EGO).

Funcione o no mi magia, aprovecho la magia de los objetos que poseo: FORMA DE SOMBRA (anillo Suskit Ach, 3 veces/día) y ESCALADA DE ARAÑA (ropas donadas por Ferrel Uryev, 3 veces/día). Con esto no creo que sea demasiado complicado entrar al castillo.

POLIMORFIZARSE A SÍ MISMO también puede ser útil a la hora de engañar a los guardias para entrar.

Si consigo llegar a sus habitaciones sin muchos problemas, pruebo la estrategia del engaño, haciéndome pasar por un sueño o un mensajero divino, confundiendo su mente con las palabras LABERINTO+MENTE, LABERINTO+VISIÓN, CAMBIO+MENTE, BORRAR+MENTE, y los rituales LEVITAR, MENSAJE EN SUEÑOS y POLIMORFIZARSE A SÍ MISMO.

Claro que si lo pillo dormido, no me ando con rodeos: le corto la garganta y, si es posible, me llevo su cabeza como premio.

b) En caso de que entrar al palacio o a los aposentos del duque sea demasiado complicado, busco la forma de crear una distracción que obligue a bajar la guardia o a salir al duque. Tal vez un incendio (muy fácil, con la palabra FUEGO) serviría.

Para huir, en cualquier caso, lo típico: una combinación de las palabras LABERINTO, SENDERO, BORRAR y CAMBIAR, más las mismas artimañas empleadas al entrar.

3. Lo de la CHAKU es lamentable.

Al igual que lo de los Padres Mendicantes, pero no quiero meterme en líos antes de llevar a cabo mi misión, así que por mucho que me duela ver las atrocidades de la Cruz de Hierro, no me entrometo.

Habrá que investigar más adelante quién es el profeta de Salem (¿Lothain?) y cuál es la verdadera razón de la huída de Zatta (¿una confrontación con la Iglesia?).

Saludos.

Capítulo II: el terrorista

Ne.Me.T.

Antecedentes.

No parece un mal tipo -pensó aquel sujeto delgado y alto que le ofrecía trato a Soren mientras su mente se cerraba a los artificios mágicos que el taumaturgo intentaba realizar sobre él-, deberías partir ya. Tienes una semana de plazo, el Duque debe morir o todos seremos condenados. En poco más de seis días Artemio permitirá que el culto ocupe tecnológicamente la ciudad. Después de eso todo esto estará cubierto de cámaras de seguridad, así como otros aparatos que creo tu nisiquiera sabes que existen.
Soren miraba dubitativo, su magia no funcionaba sobre él. Sim embargo, ya había abandonado muchas cosas para encontrar a Lothain y este no era el momento de flaquear. Dio la media vuelta y se dirigió en búsqueda de algún cirbercentro.
Recorrió varias de las sucias callejuelas de la ciudad, las cuales se cruzaban una tras otras de manera desordenada, para luego derivar en unas grandes avenidas que confluian en el palacio real. Y del cibercentro, nada.
Llegaba la noche, y nada parecía atraer la mente de Soren. El estruendo de alguno de los grandes camiones que traían a los obreros desde las montañas lo estremeció de pronto. Se quedó observando el vehículo un rato y luego volvió a andar.

Capítulo II: El terrorista

Mientras pasas por las afueras de un monasterio te percatas que la Orden de la Cruz de Hierro se encuentra desalojando a un grupo de sacerdotes de la Orden de los Padres Mendicantes, los cuales son acusados de sedición y de apoyar el culto del falso profeta de Sálem. La situación parece bastante crítica y algunos sacerdotes son asesinados en la calle mientras desde el interior del monasterio las llamas empiezan a brotar.


Obs.

A partir del momento en que llegas la CHAKU y la Congregación empiezan a acrecentar su poder en la ciudad. Cada día que pase ello será peor.

Por contrapartida, Zatta Corp. Ha iniciado su retiro de la ciudad aduciendo que el carbón de las minas de la ciudad es de baja ley.

Respecto del etrenaki, Baliant nunca te lo regresó, se hizo el pillo y se lo guardó.

Soren

ANTE TODO, puesto que para algo son las tiradas de dados, te informo que en la última sesión SUBÍ DE NIVEL, por lo que puede que tenga más PALABRAS y/o RITUALES, y mejores PERICIAS y TIRADAS DE SALVACIÓN.

OTRA COSA, ¿qué pasó con el ETRENAKI? ¿Se lo quedó Baliant o me lo entregó?


1. En principio acepto la misión.

Sin embargo, debo desconfiar, o sería un estúpido. Aunque está claro que el hecho de que me esperaran aquí demuestra algo, necesito alguna corroboración, algo que me indique lo más claramente posible que el sujeto éste (el alto y delgado Ike) está al servicio de Lothain.

Tal vez revisar su aura (ANALIZAR+AURA o VER+AURA)... aunque no, mejor no usar magia todavía. Quizás aquí tenga alguna utilidad la habilidad SENTIR PECADO del anillo Suskit Ach.

2. Puesto que acepto el encargo, me gustaría saber:

a) ¿Existe un plazo reducido? ¿O tendré tiempo de estudiar el lugar y las protecciones del duque?

b) "Trae la sangre del duque" no es necesariamente equivalente a "mata al duque", pero tampoco especifica que deba dejarlo vivo. ¿Debo asesinarlo (ya sea activa o pasivamente)? ¿Debo extraer parte de su sangre sin matarlo? ¿Es indiferente lo que haga para conseguir la sangre?

3.1. Si el plazo es reducido, no me ando con rodeos:

Trato de infiltrarme de noche en el castillo del duque. Trato de ir VOLANDO e INVISIBLE (ritual que fortalezco sinérgicamente con las palabras BARRERA+VISIÓN, BORRAR+AURA o BORRAR+EGO).

Funcione o no mi magia, aprovecho la magia de los objetos que poseo: FORMA DE SOMBRA (anillo Suskit Ach, 3 veces/día) y ESCALADA DE ARAÑA (ropas donadas por Ferrel Uryev, 3 veces/día). Con esto no creo que sea demasiado complicado entrar al castillo.

3.2. Si tengo tiempo para planear una estrategia:

Primero veo si es posible acceder a la red y bajar planos del castillo (pericias INFORMÁTICA 16, DOCUMENTACIÓN 19 y PIRATERÍA INFORMÁTICA 15). También sería útil revisar periódicos y noticiarios para deducir una suerte de pauta de comportamiento del duque: viajes, celebraciones, discursos, aficiones, etc.

También trato de IDENTIFICAR la daga, por si acaso es mágica o está maldita.

Puesto que no hay prisa, no tengo por qué ser violento. Lo mejor sería encontrar alguna forma de convencer, engatusar o hechizar al duque para que él mismo se inflija un corte con la daga (suponiendo, claro, que la misión no requiera la muerte del aristócrata, sino que sólo su sangre).

Para engañarlo hay varias opciones (algo ridículas, pero la magia ayuda):

- si es un ocioso tipo Luis XIV, podría decirle que soy un vampiro (se mucho de ellos, la verdad, gracias a la Guía Van Richten y los relatos de Baliant y Cesbrón) y pienso otorgarle el don de la inmortalidad;

- si es un cultista de tomo y lomo, podría hacerme pasar por una aparición o un sueño, una revelación divina que requiere un sacrificio de sangre, o algo así;

- si es un depravado (otra vez, tipo Luis XIV), podría inventar una especie de orgía sadomasoquista;

- si es un tipo crédulo, podría actuar como un genodoctor que estudia el origen de las distintas especies humanas, la genealogía, la ascendencia aria, etc, en busca de un “superhombre” que podría ser el duque;

- si es un tipo sensato, podría ser un médico que rastrea una enfermedad, una plaga o algo así, y debo revisar la sangre de mucha gente...

Las palabras más útiles en estos casos, aparte claro de la habilidad ENGAÑAR 14 y las habilidades de conocimiento relacionadas, RELIGIÓN/OCULTISMO 17 y CIENCIAS 16, serían LABERINTO+MENTE, LABERINTO+VISIÓN, CAMBIO+MENTE, BORRAR+MENTE, REGENERACIÓN y MIEDO.

Los rituales más útiles serían CURAR HERIDAS LIGERAS, LEVITAR, MENSAJE EN SUEÑOS y POLIMORFIZARSE A SÍ MISMO.

La magia curativa es en caso de que haya que dejar vivo al duque. El resto es para confundir la mente y los sentidos y hacer más fácil el engaño, y para hacerlo olvidar después.

Si al estudiar al duque durante unos días descubro que es un “despertado”, las cosas serán más complicadas. Me dispongo a un combate, y si tengo el Etrenaki, lo uso, por supuesto. En este caso usaría palabras y rituales de combate (no hace falta que los nombre, son los típicos de volar, lanzar rayos de fuego, etc).

4. NOTAS

Aunque oficialmente estoy muerto, trato de mantener un bajo perfil y al menos no mostrarme abiertamente frente a los de la CHAKU.

Más allá de mis convicciones personales, estoy en Veslar para hablar con Lothain, no para echar más leña al fuego (al menos por ahora). Así que en general no busco más grupos sediciosos o rebeldes, ni me meto con la iglesia. Me ha costado mucho encontrar a este tipo/dios para echarlo a perder con una megaexplosión.

Aunque pretendo seguir escribiendo cartas en la red, creo que no daré señales de vida hasta (ojalá) haber hablado con Lothain.


ESO SERÍA más o menos todo. Si me das información más específica en los puntos que te interesen más, te podré dar más detalles. También puedes hacer cualquier consulta que quieras.

Saludos.

Capitulo I

Ne.Me.T.

INTRODUCCIÓN

Bastó tan sólo un segundo para que a destrucción fuese total. La verdad es que la destrucción fue de tal magnitud que determinar que la causó parece un ejercicio sin importancia. Ya demasiados yacen muertos entre los escombros de la que fuese una de las más prósperas zonas de la Hiperciudad de Karelia.

Era la tarde del día posterior a la gran devastación. El sol descendía por el oeste a la vez que el viento del este se levantaba llevando los lamentos de los supervivientes al resto del mundo.

A medida que la luz se escapaba de las arenas del desierto, el manto oscuro todo lo llenaba, sumergiendo en las sombras a un aventurero heleno, de nombre Soren, que intentaba alejarse presuroso de la H.C. de Karelia. Él conocía a fondo lo ocurrido. Él, en cierta forma, tenía responsabilidad en lo ocurrido.

CAPÍTULO I

Tras andar un par de horas por el desierto en dirección suroeste, te detienes ante las ruinas de lo que alguna vez debió ser un puesto de guardia de la época imperial. Debe tener unos 2000 años, de acuerdo a lo que indican tus amplios conocimientos en historia luego de analizar el estilo arquitectónico de las mismas.

Estás bastante exhausto, has debiste evadir alguna patrulla de guardias de la ciudad y estás casi seguro que te seguía alguien, tal vez la CHAKU, pero gracias a tu magia pudiste burlar con éxito a cualquiera que te intentase seguir.

Das una última mirada hacia la ciudad donde yacen tus compañeros y luego revisas tus cálculos. Estás casi seguro de que estás en el lugar correcto. Un trago de agua, y repites aquella antigua letanía que permite abrir los pasos creados hace miles de años por antiguos seres que hoy sólo habitan en los sueños, o las pesadillas. Repites los arcanos movimientos y observas como en la oscuridad de la noche, a poco más de un metro del suelo resplandece una luz que aumenta de tamaño hasta formar un círculo luminoso de cerca de un metro de diámetro.

Observas el portal y te aprontas para lo inesperado. Buscas en tu bolsillo el papel donde se señala tu destino –Hijo mío, te equivocas si piensas que soy un Dios, también si crees que soy un Hombre. No, simplemente soy un ser inmortal y todopoderoso igual que tú. Mi misión no es conquistar seguidores, sino liberar las mentes y sembrar la anarquía total. Si quieres conocerme estaré siempre disponible para ti, sólo observa este mensaje y te dirá donde estoy…”ve a la taberna de los muerto, en el Ducado de Veslar”, saludos tu padre Lothain-.

Aguantas la respiración y te lanzas por el portal.

Frente a tus ojos yace la ciudad Puerto de Veslar, ubicada en el reino de Meril, y con una población de unos tres millones de habitantes. Pronto notas que el diseño de las casas es bastante simple, sin mayores adornos a excepción de los símbolos cultistas. Estos abundan, están por doquier. Definitivamente la ciudad es gran seguidora del culto, cuestión que puedes deducir además debido a los numerosos templos presentes en la ciudad.

Veslar es una gran ciudad. Si bien no como lo que tu conoces como tal. Esta urbe se expande a orillas del mar profundo, llenando cada terreno más o menos apto para ser habitado. Numerosas chimeneas se yerguen al cielo emanando gases grises que son llevados a la ciudad cuando los vientos azotan la metrópolis. A medida que avanzas por la ciudad te percatas que el nivel tecnológico de ésta no es muy avanzado, la gente, mayoritariamente de raza lusto, está mal vestida y alimentada; sin embargo, notas en sus rostros el fervor religioso que inhibe cualquier rebelión. También te darás cuenta pronto que hacer magia en este lugar es complicado.

Deambulas un rato por las callejuelas de esta urbe regida por el Duque Artemio Magno, del cual se dice que tiene sangre Ike corriendo por sus venas. Quizá en atención a tales comentarios es uno de los más fanáticos impulsores de cruzadas contra aquel antiguo pueblo. Las calles pronto se abarrotan de gente tratando de llegar a sus casas. Es media tarde. De pronto un estruendo provoca en un maremagum entre la multitud que puebla la calle. A lo lejos se observa avanzando un poderoso camión que a cuestas lleva a unos 100 trabajadores mineros al parecer.

El ajetreo termina y volteas la vista. Te das cuenta que has llegado al lugar que buscabas: la Taberna de los Muertos.

El lugar está ubicado detrás de la capilla cultista de Nuestro Señora de la Consolación. Es una estructura de tres pisos hecha en roca, con forma de mausoleo. Una puerta de barrotes de fierro resguarda la entrada desde la cual procede un cálido viento, algo de música triste y poderosas carcajadas.

Si penetras en el lugar te das cuenta que la entrada es un pasillo lleno de flores que da hasta un gran salón que quizá en alguna época destilaba elegancia, mas ahora ese tiempo está lejano.

Un sinnúmero de mesas están dispuestas por la taberna sin orden alguno, observas a los parroquianos, los cuales en su mayor parte parecen ser aventureros, personas de tierras lejanas.

La música cesa, y las miradas se vuelcan hacia ti. Desde el otro extremo del salón, desde la barra emerge un sujeto de más de dos metros, muy delgado y de cabellos negros y largos, hasta la cintura, parece ser un Ike. Se acerca hacia ti y dice: “espero que seas quien se supone debes ser, los hombres libres no necesitan traidores. Si quieres ver a Lothain debes iniciar la revolución en esta ciudad. Toma esta daga, tráela con la sangre del Duque y podrás ser parte de nosotros.”

NOTAS.

Bueno, no sé si aceptarás lo que te pidieron, pero si lo haces debes saber que el castillo del Duque es custodiado por la Orden de la cruz de Hierro.

Si aceptas te pido que me detalles cuales serían los trucos que realizarías, ojalá lo más detallado posible. Puedes escribirme correo pidiéndome más antecedentes antes de mandarme lo definitivo.

Desde luego también puedes negarte.

Lo segundo es que eventualmente puedes querer hacer otras cosas entre medio, cuestión que se puede, pero es bueno que me las cuentes para yo informarte si aquello tuvo alguna implicancia.

Cartas y notas de Soren

Bueno, me parece bien lo del blog, aunque dudo que tenga muchas entradas, la verdad...
En todo caso hace tiempo creé uno específicamente para mi personaje en la campaña de Daniel: pueden encontrarlo AQUÍ.

Cìrculo Inconcluso

Extraño y variopinto grupo de roleros, extendido a lo largo de un no menos extraño país llamado Chile (en realidad no está tan extendido, sólo hasta Saniasco, y en verdad sólo se trata de una persona).

Actualmente hay dos campañas en curso:
-Stars Wars parte II
-Neo Medieval Times