sábado, abril 29, 2006

Ne.Me.t: Crónicas del Vampiro.

Fragmento Segundo: La Gran Guerra Vana*

Antes de los albores de este mundo, existió otro que llegaba a su fin. En aquel tiempo los dioses se manifestaban a través de los seres que los adoraban, por medio de extrañas visiones y también mediante sus propios avatares, entidades llenas de magnificencia. Al final de esa edad, acaeció la -por mi llamada- Gran Guerra Vana, que llamó a la lucha a casi todas las entidades celestiales y que quebró la paz de toda Er’rath.

La contienda comenzó con el alzamiento del bien absoluto sobre todas las fuerzas, un bien absoluto dispuesto a destruir todo mal y toda mácula de este mundo, guiado por un poderoso y milenario paladín elfo. Para contrapesar la balanza los agentes de la neutralidad enviaron a Satnaupanea el vampiro para tratar con los agentes del mal y juntos liberar a Osak, el señor del mal, de su prisión en la luna negra de Er’rath.

La misión se extendió y el campeón del bien absoluto guió su hueste aplastando a sus oponentes, incluso contra la ciudad de los elfos de los bosques, sin embargo, y contra todo pronóstico, Osak fue liberado y la luna negra estalló en los cielos limpios del mundo, haciendo que los fragmentos del satélite causaran el primer mal del dios oscuro a Er’rath.

Satnaupanea sintió vergüenza por lo que había hecho y compasión por el mundo al que había herido con sus acciones, y se recluyó en la profundidad de la tierra mientras los desastres naturales posteriores mataban a seres sin distinción, incluidos amigos y cercanos. Pero los caballeros grises eran guiados por las señales del dios Elinad y a pesar de todo continuaron la cruzada, ahora enfrentándose contra ambos bandos –tanto el bien como el mal.

La Guerra no tuvo un desenlace claro, sólo muerte y perdición. Fue extraño que nadie viera lo que pasaba como la antesala del fin de todo. Los dioses luchaban entre ellos y contra poderosos hombre, y estos últimos luchaban contra todo el que no estuviera en su bando. El premio eran las piedras de poder que se encuentran dentro de cada ser, el poder que provenía en un principio de Shooj –el dios padre y gran arquitecto- y que transformaba a los hombres en dioses y a los dioses los acercaba a la esencia de la supremacía.

En medio de eso, estaban los hombres comunes -y otros seres como elfos y enanos- que sufrieron las vicisitudes del conflicto y que nunca tuvieron conciencia de lo que pasaba en su mundo. Todos ellos al final perecieron.

Poco sé de lo que aconteció con dioses o los seres que participaron en la Gran Guerra, salvo algunos: Simth Arvanaith el primer vampiro murió en aquellas batallas junto con de uno de sus chiquillos, el dios Elinad sacrificó su vida para comenzar el Cierre de Er’rath, los dioses del miedo y la lujuria fueron muertos por Hagime el elfo, mientras que la diosa de la curación y el dios de la ley fueron absorbidos por Satnaupanea el vampiro.

Al final la guerra cesó abruptamente con la aparición de Thanatos, un dios todopoderoso y deseoso de destrucción. Los dioses que batallaban se retiraron a otros mundos al igual que los seres que pudieron encontrar vías de escape a otras realidades, pues, el primer emisario de Thanatos era la locura y el caos.

Miles de hombres, mujeres y niños en Er’rath se dejaron llevar por la frenesí y la demencia, destrozando las ciudades, matando a sus compañeros e hijos y arrastrándose ellos mismos al suicidio. La misma escena se repetía en cada sociedad y en cada especie y raza, los efectos se extendieron incluso al idílico paraíso élfico.

Luego de eso, pocos fueron los que regresaron a Er’rath, pues la presencia de Thanatos y su ejército demoníaco era seña de muerte y destrucción. Entre esos pocos que retornaron estaban Hagime el elfo –gran sacerdote de Shooj- y Sataupanea el vampiro, quienes habían sido ayudados por el dios Meidel el pensador. Este último otorgó a estos el Pergamino de la Creación capaz de traer un nuevo comienzo al mundo antes que la mácula de Thanatos tocara el mundo.

Hagime y Satnaupanea lucharon contra los demonios del ejército de las eternas tinieblas y las disputas eran a través del poder de la Piedra Interior, lo que hoy los hombres conocen como Fea, sin embargo fueron incapaces de superar a la innumerable hueste que llegaba al mundo a través de un nebuloso portal.

Sin muchas esperanzas el elfo y el vampiro se retiraron a una antigua biblioteca de la Orden de Milvas –grandes historiadores de los mundos- y comenzaron con el ritual a través del pergamino de la creación, mientras los esbirros infames buscaban por el mundo a los dos últimos seres de Er’rath capaces de evitar la venida de Thanatos mediante la consumación de la palabra sagrada de Meidel.

Al final, Satnaupanea y Hagime pronunciaron los himnos hieráticos del pergamino, y a pesar de ser alcanzados por la poderosa garra de uno de los generales de la oscuridad en el último instante, la creación se extendió por el mundo arrastrando con ella a la hueste demoníaca y sellando el mundo a Thanatos.

Ese fue el final de la Gran Guerra Vana y el comienzo de la que llamaré Segunda Era.



* La Gran Guerra Vana se produjo al final de la Primera Edad de Los Dioses –nos encontramos en la Cuarta Edad, según la cronología de este autor. Más documentación se puede encontrar en las tierras del desierto alamitha, donde hay un tomo escrito supuestamente por Satnaupanea Manases el vampiro.

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