Mackoy.
La vista de Curuscant desde el edificio era impresionante, con sus infinitas luces embriagando los sentidos mientras el silencio reinaba en el enorme apartamento gracias al aislamiento térmosónico del penthouse, todo esto hacía pensar al fornido hombre vestido tan sólo con una bata que estaba sólo, en una burbuja propia. Se movió cansinamente por la amplia habitación mientras observaba a las dos twileks dormitando en la amplia cama de mawen cubierta de lujosas sábanas de seda kirgot.
Avanzó y dejó la habitación, cerrando la puerta y dirigiéndose a la sala que reservaba para recibir ciertos “importantes” invitados. Ahí se sirvió algo fuerte, sin notar bien que era. Hacía tiempo que había perdido el gusto por los licores, bastaba que supiera a algo intenso. Hubiera preferido algún estimulante, pero necesitaba estar atento para esa cita.
Una señal en un panel y la figura de un hombre bien parecido vestido en un traje de gala negro en un monitor le indicó que debía atender a su huésped. Se demoró pensando en lo que debía decir o responder, sin embargo, no llegó a tener un panorama de lo que tenía que hacer en esta cita y se apresuró a abrir la puerta.
El hombre apenas lo saludó y se dirigió a la habitación donde siempre se reunían a hablar de aquellos asuntos confidenciales que hoy trataban, tomó una copa sin que se la ofreciera y luego se sentó en el asiento que supuestamente era del anfitrión, sin embargo, este no se molestó y se sirvió también otra copa, eso si bien llena, del mismo licor.
“Sabes que hay un grupo de senadores que desea liberar a Yamato -dijo el invitado-, dicen que el brujo ya pasó mucho tiempo en prisión y que no tiene sentido llevarlo a juicio porque cualquier abogado lograría la conciliación de la pena” – el hombre tenía la mirada encendida y un gesto violento se adivinaba en sus facciones, el hombre de la bata calló, pues, sabía que su asociado no había terminado.
“Liberarlo sería como dejar un poco de miel azul de trikolita cerca de un foso de insectos guraps. Pronto una centena de esos brujos Jedi estarían volando a su encuentro y luego otros más. Eso no podemos permitirlo, por lo menos, hasta que tengamos preparados los nuevos defensores de la república o nos hayamos asegurado de la lealtad de los nuevos siluetas negras” – el hombre apuró el líquido del vaso mientras parecía algo nervioso y contenido.
“Tal vez los tramites y discusiones para liberar al brujo tarden años, no deberíamos preocuparnos tanto – el anfitrión reculó ante la mirada asesina de su acompañante.
“Estúpido Mackoy, y si lo liberan en un par de semanas. No podemos basarnos en supuestos. Hemos tenido suerte que los brujos más destacados se hayan ocultado y no hayan reorganizado la orden, pero hablamos de Mantra Yamato… un hombre que no sólo participó en la batalla de Munilinst si no que ha tenido miles de soldados a su cargo como general de la república, un hombre que casi podría ser comparado con Aiken Drum o el maestro Vel’droo, o alguno de esos desgraciados muertos –el hombre se levantó exaltado- Maldición Mackoy! Incluso los siluetas negras han tenido cuidado de no mezclarse con esos dos, pero no toleraré que la república caiga de nuevo en la dependencia de esos brujos!!! JAMÁS me oyes!!! JAMáS!!!!” – la respiración agitada del hombre indicaba que aún no era el tiempo de hablar, así que cayó.
“Escúchame bien, te he ayudado en tu ascensión al poder y te he proporcionado tu estatus y solventado en parte tus vicios, por lo tanto espero lealtad y que actúes de acuerdo a nuestra conveniencia –se calmó un poco y respiró profundo- quiero que logres que las nuevas fuerzas especiales de la república apresuren su desarrollo y su entrada en acción, además de interferir en la liberación de Yamato, sólo eso por el momento… tenemos que ser más drásticos en la solución de nuestros problemas, más tajantes en nuestras determinaciones – el hombre parecía haber tomado una decisión y ahora la digería con placer- Debemos acabar con ese brujo y con todo el que represente un estorbo para la estabilización de la república y la galaxia… enviaré a los siluetas negras en pos de nuevos objetivos, blancos más apropiados” – el hombre del traje de gala se levantó y se dirigió a la puerta.
“Makcoy… no me falles” – y se fue cerrando la puerta tras de si.
Mientras tanto el Senador Mackoy apuró un nuevo vaso de licor, pero a este adicionó un poco de Susurro de Neon, un fuerte estimulante y alucinógeno.