miércoles, mayo 03, 2006

Star Wars: Historias de la Guerra de Sucesión Jedi

Mackoy.

La vista de Curuscant desde el edificio era impresionante, con sus infinitas luces embriagando los sentidos mientras el silencio reinaba en el enorme apartamento gracias al aislamiento térmosónico del penthouse, todo esto hacía pensar al fornido hombre vestido tan sólo con una bata que estaba sólo, en una burbuja propia. Se movió cansinamente por la amplia habitación mientras observaba a las dos twileks dormitando en la amplia cama de mawen cubierta de lujosas sábanas de seda kirgot.

Avanzó y dejó la habitación, cerrando la puerta y dirigiéndose a la sala que reservaba para recibir ciertos “importantes” invitados. Ahí se sirvió algo fuerte, sin notar bien que era. Hacía tiempo que había perdido el gusto por los licores, bastaba que supiera a algo intenso. Hubiera preferido algún estimulante, pero necesitaba estar atento para esa cita.

Una señal en un panel y la figura de un hombre bien parecido vestido en un traje de gala negro en un monitor le indicó que debía atender a su huésped. Se demoró pensando en lo que debía decir o responder, sin embargo, no llegó a tener un panorama de lo que tenía que hacer en esta cita y se apresuró a abrir la puerta.

El hombre apenas lo saludó y se dirigió a la habitación donde siempre se reunían a hablar de aquellos asuntos confidenciales que hoy trataban, tomó una copa sin que se la ofreciera y luego se sentó en el asiento que supuestamente era del anfitrión, sin embargo, este no se molestó y se sirvió también otra copa, eso si bien llena, del mismo licor.

“Sabes que hay un grupo de senadores que desea liberar a Yamato -dijo el invitado-, dicen que el brujo ya pasó mucho tiempo en prisión y que no tiene sentido llevarlo a juicio porque cualquier abogado lograría la conciliación de la pena” – el hombre tenía la mirada encendida y un gesto violento se adivinaba en sus facciones, el hombre de la bata calló, pues, sabía que su asociado no había terminado.

“Liberarlo sería como dejar un poco de miel azul de trikolita cerca de un foso de insectos guraps. Pronto una centena de esos brujos Jedi estarían volando a su encuentro y luego otros más. Eso no podemos permitirlo, por lo menos, hasta que tengamos preparados los nuevos defensores de la república o nos hayamos asegurado de la lealtad de los nuevos siluetas negras” – el hombre apuró el líquido del vaso mientras parecía algo nervioso y contenido.

“Tal vez los tramites y discusiones para liberar al brujo tarden años, no deberíamos preocuparnos tanto – el anfitrión reculó ante la mirada asesina de su acompañante.

“Estúpido Mackoy, y si lo liberan en un par de semanas. No podemos basarnos en supuestos. Hemos tenido suerte que los brujos más destacados se hayan ocultado y no hayan reorganizado la orden, pero hablamos de Mantra Yamato… un hombre que no sólo participó en la batalla de Munilinst si no que ha tenido miles de soldados a su cargo como general de la república, un hombre que casi podría ser comparado con Aiken Drum o el maestro Vel’droo, o alguno de esos desgraciados muertos –el hombre se levantó exaltado- Maldición Mackoy! Incluso los siluetas negras han tenido cuidado de no mezclarse con esos dos, pero no toleraré que la república caiga de nuevo en la dependencia de esos brujos!!! JAMÁS me oyes!!! JAMáS!!!!” – la respiración agitada del hombre indicaba que aún no era el tiempo de hablar, así que cayó.

“Escúchame bien, te he ayudado en tu ascensión al poder y te he proporcionado tu estatus y solventado en parte tus vicios, por lo tanto espero lealtad y que actúes de acuerdo a nuestra conveniencia –se calmó un poco y respiró profundo- quiero que logres que las nuevas fuerzas especiales de la república apresuren su desarrollo y su entrada en acción, además de interferir en la liberación de Yamato, sólo eso por el momento… tenemos que ser más drásticos en la solución de nuestros problemas, más tajantes en nuestras determinaciones – el hombre parecía haber tomado una decisión y ahora la digería con placer- Debemos acabar con ese brujo y con todo el que represente un estorbo para la estabilización de la república y la galaxia… enviaré a los siluetas negras en pos de nuevos objetivos, blancos más apropiados” – el hombre del traje de gala se levantó y se dirigió a la puerta.

“Makcoy… no me falles” – y se fue cerrando la puerta tras de si.

Mientras tanto el Senador Mackoy apuró un nuevo vaso de licor, pero a este adicionó un poco de Susurro de Neon, un fuerte estimulante y alucinógeno.

Ne.Me.t: Crónicas del Vampiro

El Extranjero*

Mientras dormía el inmortal Manases en la ciudadela que los enanos habían construido para él, un extranjero llegó a las poderosas puertas de piedra del refugio del vampiro y atravesó las enormes puertas como un fantasma y recorrió los laberínticos pasillos hasta la cámara vacía y silenciosa de Purmina la enana que había salido hacía mucho al mundo exterior. Así que la guardia de Manases consistía en los hechizos de piedra y fuego de los enanos y un par de trampas de poder que el mismo vástago había colocado cuando todavía esgrimía una parte del poder interior.

El forastero hizo uso de su propio fea –el poder interno capaz de cambiar el mundo- y tejió un paso a través de las salvaguardas, Luego revisó su desempeñó y avanzó con la prontitud del relámpago y las puertas de galvorn de la tumba de Manases se abrieron. Marchó hasta encontrarse frente al lecho del no-vivo y levantó la lámina de piedra mientras desataba las trampas de poder y magia que mantenían al vástago inmortal en su eterno descanso. No se preocupó, aún faltaban siglos quizás milenios para su despertar.

Observó a su fiel vasallo y compañero de batallas, rememorando un tiempo lejano anterior a la nueva creación y a la Gran Guerra Vana. Acarició su frente marchita por el tiempo y la falta de sangre, la piel estaba pegada a los huesos y los ojos parecían faltar. No obstante, sintió la mirada del vampiro a través del sueño inmemorial y tuvo que tejer una red de no existencia y volcar parte de su tejido en una matriz de tranquilidad que subyugara al espíritu del vampiro, pues, lo que realizaría sería doloroso. No sólo para el vampiro, sino también para el.

A pesar de las dudas era lo correcto, un vampiro tan poderoso con el poder del fea era un factor demasiado importante para soslayar en el libro del destino. Así que esgrimió su poder hacia el abdomen donde la piedra de poder brillaba y alzó una buena parte de esa energía, dejando lo suficiente para que el vampiro sobreviviera. En ese momento tuvo una visión y supo que el vampiro esgrimiría el poder íntimo algún día, pero de una manera diferente.

Luego observó el cristal en sus manos, brillante y azulado como el cielo, y lo ocultó en sus ropas mientras susurraba palabras de paz y armonía a Manases.

Se retiró de la ciudadela, dejando descansar al enlutado ser en su ciudadela abandonada, y se dirigió hacia los lóbregos pozos donde los esbirros de Osak habían establecido un lugar de terror y oscuridad. Se apresuró ya que llegaba el tiempo del destino, caminando sin que nadie reparara en su presencia hasta donde los prisioneros hacían escuchar sus lamentos y su dolor. Sin embargo, no había tiempo, pues, debía llegar antes de la concepción.

En una habitación más amplia una pareja, un macho y un hembra elfos, eran engañados por sus propios deseos e ilusiones por medio de la negra magia de Osak. El macho creía que al fin su amor era aceptado por la mujer que amaba, mientras la mujer creía que estaba en brazos de su amado esposo. Un triste destino cuando despierten a la verdad pensó el extranjero, pero aquel era el tiempo y el lugar.

Se acercó a los elfos y empezó a murmurar palabras arcanas mientras esgrimía el cristal garzo y resplandeciente que había pertenecido a Satnaupanea Manases. El cristal se disolvió poco a poco, fusionándose al ser que se concebía en el vientre de la elfa y dando paso a una encarnación en vida del alma del vampiro.

Cuando terminó, el extranjero sintió lástima del alma de la hembra y el macho elfo, al igual por el infortunado esposo. Pues, estas entelequias necesitaran muchas vidas para romper el sufrimiento de esta encarnación, mas la vida de este vientre ayudará en parte a crear un nuevo futuro se dijo el forastero.

El extranjero dejó a los desdichados amante y se dirigió a los bosques lejanos en el sur y al este, hasta una gran ciudadela de magos elfos. Recorriendo los bosques y los claros hasta encontrar a un macho elfo vestido con túnica roja y con el rostro contraído por el pesar. Entonces se mostró y el elfo se sorprendió, pero, no hizo ademán de esgrimir su poderosa magia.

Entonces el extranjero habló: “Orthas de la casa Damodred... te diré donde está tu esposa y tu leal compañero Peandoril”.

Sólo con esas palabras dio paso a un nuevo destino, y el extranjero se aseguró de la ascensión y caída de dos esencias.


* Esta historia explica la existencia de Paendrag Demodred, un conocido elfo de la antiguedad, y la forma como éste pudo ser una reencarnación de Satnaupanea el vampiro.