una segunda historia... disculopen si voy rápido con esto de la ambientación.
De la correa de Ravan.
Una vida de perros. Eso es lo que diría que se vive en el Salón de Ravan X. Tein, en un complejo de algún lugar del universo. La suerte no les sonrió esta vez a los malditos brujos de la fuerza. No si no… por los dioses y las santas vainas de carreras que me sorprendí cuando se me asignó a este lugar.
Yo era un soldado algo más joven que ahora, que ya he alcanzado los 31 y tengo un par de parches de servicio por la república en el Borde y en la Toma de Muunlist. Jodida guerra de brujos, aún recuerdo demasiadas cosas que pasaron aquel día… muchas jodidas cosas que no quiero recordar.
Por eso pedí el retiro involuntario, para disfrutar de la vida. Una vida de lujos y orgías que me duro apenas 9 meses. Condenados pocos créditos y límites de tarjetas de compras… todo se fue al chorro en 9 meses.
Así que tuve que volver al trabajo, pero esta vez quería hacer dinero rápido. Y que mejor forma que la de un soldado a la venta. Debo decir que mis primeros trabajos no fueron lo que esperaba, pero luego la suerte me sonrió. Quien podría decir que una compañía de robot de limpieza pagara tan seguido y tan bien.
Claro que al lugar que fui asignado no correspondía a una fábrica de hojalata con cerebro. Más bien me parecían laboratorios y centros de investigación. Pero nos pagaban bien y eso incluía controlar nuestra lengua fuera del trabajo. Y no pensar demasiado diga sea de paso.
La primera vez que vi a los "perritos falderos" no los tomé por tal. Parecían más bien sujetos algo asustados, pero ni en mis pelos me imaginé que eran brujos jedi ni nada por el estilo. Sólo sentí cierta compasión por los estúpidos esos, pero nada más. Así que no me llamó la atención de sobremanera, excepto cuando escuché los comentarios a bajas voces de los soldados asignados a "La perrera".
Esos imbéciles deberían ocuparse de lo suyo en vez de estar transmitiendo rumores en los pasillos. Seguro que alguien se va de lengua y mis créditos no seguirán subiendo en su cuenta.
La cosa es que con el tiempo todos nos enteramos que los perros eran al parecer jedis capturados y con los cuales se experimentaba. Algo en lo que no quise profundizar, sin embargo, empecé a hacer planes para huir a otro lugar de la galaxia.
Claro, esos planes nunca se concretaron, pues, la situación parecía bastante controlada. Y mi paga aumentó a casi el doble. Y una nueva asignación: El Salón de Ravan.
Aquí la cosa era más cruda. Los perros eran golpeados y tratados peor que en otros centros, pero a despecho de mis propias simples ideas de la libertad, los perros parecían sumisos y muy dispuestos a complacer a sus amos.
Tal vez fuera por la extraña correa plateada en su cuello o las cadenas que los ataba a los brazaletes de sus amos. No sé y no quiero saber.
Sin embargo, si me importaba el trabajo sucio que tenía que hacer. Transportar los cuerpos de los desgraciados que habían muerto en los experimentos, capturar a los pocos que lograban escapar y borrar las huellas de todos esos entuertos.
Poco me gustaban todos esos trabajos. Impartir órdenes es una cosa, pero la cláusula que llenaba mi contrato de "observar personalmente la ejecución de mis órdenes" no me permitía incumplir mis obligaciones como yo quería. Aunque podía hacer la vista gorda o mirar para el lado, especialmente cuando te pagan lo que te pagan.
No me quejo, aunque estar de la correa de Ravan no es de lo más estimulante, no es "estar de la correa de Ravan" literalmente.
A veces siento pena por los condenados perros… animales complacientes y sumisos… Pero sólo a veces siento pena, también recuerdo que fueron arrogantes brujos jedi… Entonces -a veces- también sonrío.
miércoles, abril 26, 2006
Stars Wars: De la correa de Ravan
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