Bueno, auquí les va una pequeña historia introductoria para que nos empecemos a poner en ambiente... planeo masterear de este fin de semana al otro. El Viernes de la semana que viene.
Así que espero la presencia de la mayoría de Uds...
Caminando al borde del abismo.
Kafín observó el pasaje oscuro con cierta suspicacia, la basura se apilaba a ambos lados y sobresalían un par de ratas famélicas entre los bultos sucios que eran un par de vagabundos. Apuró los pasos y giró en una esquina hasta alcanzar la avenida solitaria.
Hacía menos de 2 meses que se encontraba en aquel lugar de la galaxia, se había acostumbrado a moverse rápido cuando salía de su escondite por comida o información. Nunca era lo suficiente precavido desde que había dejado Corouscant, luego del colapso de la Orden Jedi por la aparición de numerosas corrientes en el estudio de la fuerza.
Había tardado menos de 10 años para que el caos originado en la Batalla de Munnilist llegara a los mismos pilares del templo Jedi. La estructura se erosionó con la aparición de antagonistas filosóficos discutiendo en la misma Biblioteca de la Orden. Los pocos maestros que habían no habían podido hacer callar a los muchos oradores dispuestos a llevar a la "verdadera senda" a la Orden… malditos necios sin una pizca de sabiduría. La mayoría habían vivido la guerra de cerca, ya sea en Selonia, Yavin IV o Munnilist, pero que poco habían aprendido acerca de las consecuencias de ésta en la Fuerza, en especial cuando se enfrentan sith, jedi y de por medio está un artefacto del lado oscuro tan poderoso.
Lo malo de esta era es que los caballeros jedi piensan más con su espada que con la cabeza, menos con el instinto en la Fuerza –se dijo sobriamente el caballero. Ahora había poco que hacer hasta que la resonancia de la Fuerza se normalizara. La guerra provocó un eco en La Fuerza que aún resonaba… pero cuanto duraría.
Siguió caminando, tan sigiloso como podía. Una sombra parecía querer asomar en su cabeza, pero sabía que era sólo su susceptibilidad. Tenía que apresurarse a llegar antes que avanzara aún más la noche.
Cruzó la plaza donde unos pocos puestos de comida rápida despertaban el interés de los pocos transeúntes de aquella noche. Pensó en comprarse uno de esos perros calientes ithorianos tan famosos, pero desecho el deseo. Tenía que apresurase, era mala noche y ya eran cerca de las 3 de la mañana.
Un par de guardias vestidos con uniformes verde, con grandes cascos y un par de bláster de alta potencia a su costado lo miraron amenazantes mientras se aproximaban, consiguió agachar la cabeza sumisamente mientras llevaba subrepticiamente una mano al sable de luz y esperaba.
Nada pasó, excepto que los vigilantes posaron su atención en un par de prostitutas que deambulaban en una esquina donde un par de luces de neon colgaban sobre un desgarbado edificio.
Redobló la marcha por las vacías calles, pensando en su joven y bella padawan Sibicia. Soñaba mucho con ella desde su muerte en Cal-Seti. No había sido fácil superar su perdida, especialmente porque hacía poco comprendió que se había enamorado de ella. Una y otra vez en sus sueños rememoraba formas de cómo iba a decirle que la amaba, sin embargo, despertaba llorando porque al final siempre se daba cuenta que ella estaba muerta… asesinada por aquellas siluetas negras de sus sueños.
La noche de su muerte maestro y padawan habían estado investigado la muerte de un empleado de una corporación de tecnologías, el maestro -por sugerencia de su discípula- había cobrado una buena suma de créditos por realizar la investigación. En especial por que el empleador era una rica mujer amante del desgraciado empleado. El dinero era necesario desde que a la Orden le habían revocado el presupuesto del senado para su implementación y logística. Y lo fue más importante cuando la Orden se dividió y sectores del senado aprovecharon para clausurarla… maldición, como si fuera un jodido puesto de venta de salchichas ithorianas… (realmente quedé con ganas de comer ese jodido embutido se dijo Kafín).
Hasta el momento sólo habíamos encontrado indicios de fuentes poco fidedignas y algo de papeleo acerca de desvío de fondos hacia algún lugar del planeta Cathar, pero nada que conectara el crimen con algo o alguien en específico. Fue esa noche sin embargo, que nos encontraron, apenas a unas cuadras de la casa de esa rica mujer y luego de comer cerdo cathariano a las brazas con salsa de judías traídas desde Dantoine.
El primer haz de luz dio de lleno en Sibicia que me abrazaba risueña y coqueta en medio de la calle. Tres disparos más alcanzaron a mi hermosa padawan antes que la sonrisa se perdiera y fuera reemplazada por la expresión vacía de la muerte.
Saqué mi sable de luz y arremetí lleno de ira en pos de las figuras oscuras del otro lado de la calle. Esquivé los disparos y los zumbidos aumentaron desde los techos cercanos. La acera se iluminó mientras el olor de carne quemada y muerte penetraba en mis fosas nasales. Combatí sin descanso durante un largo minuto, pensé estar combatiendo más, pero fue el eterno instante final en que me di cuenta que estaba perdido.
Miré el cuerpo tirado sobre la acera y decidí lo que tenía que hacer en los 2 segundos más largos de mi existencia. Entonces mientras se descargaban láser que iluminaban la acera corrí calle arriba, a través de los callejones y pasajes laberínticos de aquel lugar… y seguí huyendo, durante días… sin dormir, sin descasar… sin dejar de pensar en Sibicia.
Se detuvo un momento y trató de centrar su mente al modo jedi… parecía tan lejano todo, pero a la vez todo estaba tan a flor de piel.
Falta tan poco se dijo el caballero… alcanzó el largo pabellón que conducía hasta su refugio y caminó lentamente. Dos figuras encapuchadas esperaban en el exterior. Kafín Zwalet sacó el sable de luz y preparó sus sentidos para el combate. Sin embargo, una de las figuras se quitó el velo que cubría su rostro.
Sibicia – pronunció sorprendido e ilusionado Kafín.
Y la luz del blaster iluminó el pabellón por un momento. Eran las 3 de la mañana en punto.
miércoles, abril 26, 2006
Stars Wars: Caminando al borde del abismo.
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