jueves, enero 17, 2008

Lothelyon y las tierras circundantes

Bueno, encontré este pequeño fragmento entre mis cosas perdidas, es parte del trasfondo de Lyra Softwind, un personaje para una campaña de Mundo de Tinieblas que mastereaba Daniel. Lo pondré porque en si , este trocito de mundo, está incluido en hONOR (mi último mundo de campaña), aunque no es exactamente la misma tierra de la duqueza sidhe (por las diferencias entre MdT y D&D), el mapa de la región ha sufrido muy pocos cambios.

Aquí el mapa y luego una descripción que hice ya hace mucho.


Lothelyon y las tierras circundantes.

La ciudad de Lothelyon, ubicada al sur de la Montaña Atalaya y al norte del lago Azur, fue fundada hace ya más de 1200 años por Tanis Softwind, un caballero al servicio del rey Eothar Redblade. El propósito era defender las tierras del Noroeste del reino de las continuas invasiones de quimeras salvajes.

Al comienzo la defensa se limitaba a defender los Muros de la Defensa como se les llama a las Montañas que separan el feudo –en ese entonces- de los Softwind con los Bosques Malsanos. La guardia se prestaba especialmente en el Paso del Lobo y el las Colinas de los Fríos Vientos, desde la Fortaleza de Coldwind. Sin embargo, dado que el Feudo de los Softwind quedaba muy alejado de los territorios reales -mucho más allá de los Desiertos de los Djins y los Bosques Tiernos- los Softwind y sus seguidores extendieron sus dominios hasta abarcar casi toda la zona, desde las arenas del Sureste hasta los Pantanos Aulladores y desde los Llanos de la Esquina Fría hasta los Muros de la Defensa.

Fue así que para el año 85 de la llegada de los Softwind y cuando Finaris Softwind -el de la espada negra- gobernaba desde Lothelyon, el rey Damn Whitestaff visitó los lejanos territorios y como era justo y bondadoso dio a Finaris el título de Duque de Lothelyon y las tierras circundantes.

Desde ese entonces el dominio creció y se fundaron antes de que se cumplieran el siglo las ciudades de Asturia, Orionida e Izz. Además a Sir Ferin, un caballero pooka se le otorgó las tierras ubicadas entre el río Forestal y el río Rojo y el Lago Largo para que el y su gente vivieran. Esto por las valerosas acciones de Ferin y su gente en la defensa del Paso del Lobo en la invasión Zingol y la Batalla de Dharón el Dragón.

Así para el año 127 d.T. –después de Tanis- se contaba con tres feudos, el de Lothelyon y la pradera verde, el de Asturia y el Feudo Ferin o también llamado el Bosque Pooka. Para el año 148 y cuando gobernaba Clamor Softwind –el del cuerno dorado-se habían fundado los puertos de Agafal y Caer Almarin, en los delta de los ríos Gris y Anurian respectivamente. Entre estos puertos se encontraban los Llanos de los Vientos Cantores en donde Clamor mando a Sir Lyrio Cabellos-de-Fuego, una de sus caballeros más valiosas, a domesticar los caballos de crines de bruma, fue así que nació el Feudo de Rochalor –en honor al primer caballo que domó la caballero-, su capital fue el puerto de Agafal.

Hasta el año 238 d.T. sólo se había levantado la Fortaleza Dorada que defendía el Feudo del Cuervo Dorado y que corresponde al Bosque de Erin el Rojo, el Bosque Perezoso y la Llanura Dorada. Mientras que Caer Almarin defendía el Feudo de las Siete Venas, la Cienaga de Melkarion y los bosques del este hasta el río Bravo.

La Guerra de las Esfigies – desde el 235 hasta el 239 d.T.- se hubiera perdido si no hubiera sido por el barón Hathol y el pueblo de los hombres gamo o gamodinos. Al barón se le dio el Caer de Dar’Azz y gobernó la tierra de los gamodinos. Poco después el gobierno de los duques se retiró a Ilmarin o Ciudad Cristal, feudo que dominaba la llanura Hazafel y la Pradera de Sir Koldon.

El alejamiento de los Duques a Ilmarin trajo bienestar a casi todo el dominio, pero no evitó que continuaran las invasiones de los Mintalis y Vafaari. La defensa del ducado en el Noroeste se hizo difícil y varios duques dieron su vida guardando el paso del Lobo. Los Mintalis eran vampiro-hombres que a pesar de temerle a la luz rápidamente dominaban a sus presas desde el aire. Estos atacaban el Paso del Lobo durante la noche mientras que los Vafaaris o mandril-hombres lo hacían de día.

Fue en ese tiempo que una doncella -hija del fallecido duque Iam y hermana del sucesor, Eganû- llamada Redwen emprendió una búsqueda al Noreste de su feudo, junto a ella iba el conde Galathor de Izz, un caballero troll de nombre Vacus y su escudero Lawa, además del bufón Zevich, un pooka famoso por su mala memoria. Juntos enfrentaron muchos peligros para lograr la ayuda de los Dragones Fineanzelus y Olooki.

En el 311 d.T. la Lucha llegó hasta la Fortaleza Coldwind que fue sitiada y destruida y el ejército de los Softwind avanzó para proteger a Lothelyon. Sin embargo, los vientos fríos del Noroeste trajeron otro enemigo, los Señores de La Tormenta y sus esbirros montados en Huargos y bestias sombrías. La Ciudad estuvo a punto de caer si no hubiera sido por la llegada de Redwen que venía con grulla argéntea en su mano y la ayuda de los dragones y los habitantes del Noreste.

Al final, los Señores de la Tormenta junto a Mintalis y Vafaaris fueron expulsados más allá de las montañas de la defensa. Las ciudades y fortalezas destruidas fueron construidas nuevamente y Redwen se transformó en la primera duquesa debido a la muerte de su hermano Eganû. A los dragones y a los habitantes del Noreste -o Joonis- se les concedió su propio gobierno en los llanos de la esquina fría.

En el gobierno de Redwen y su hija Leyra –llamada pies de arena- se construyeron las ciudades-fortalezas de Selaiz, Caer Anor, Hithelion y el Puerto de los Cisnes. Mientras que en el gobierno de los gemelos Rayen y Trino -hijos de Leyra- de alzó Galen la ciudad arbórea y Porto Calwin.

Fue Redwen la primera duquesa en ser llevada tras su muerte a Tirion la ciudad sagrada, donde los grifos y las doncellas aladas resguardan los tesoros de los Softwind. Los varones nobles y caballeros generalmente son sepultados en el Cañón Amarillo. El mito dice que hay un paso desde Caer Anor que lleva hasta Tirion, pero que sólo una duquesa virgen y valerosa que cargue la espada y el anillo de Lothelyon lo puede encontrar.

Así nos remontamos hasta el año 684 d.T. cuando Su Gracia Anathor Softwind enfrentó la rebelión desde los pantanos aulladores encabezada por el Rey Garou. Famosa es la Balada del Duque y el Lobo Negro, en la que se canta acerca del duelo entre Anathor y el rey Garou.

Desde ese tiempo Caer Anor y las tierras de los Olorii fueron junto al Paso del Lobo y las Colinas de los Fríos Vientos los lugares preferidos para las correrías de caballeros, escuderos y aventureros. Las batallas contra la gente del Noroeste -llamados también Gringorinos- fueron más y más escasas… hasta que se dejaron caer como una enorme marejada el año 1022 d.T., y tanto era el poder del enemigo que los ejércitos y el duque Willem tuvieron que retroceder hasta Caer Dar’azz.

Una vez más fue una duquesa, su Gracia Serenë Softwind, quien llegó en la hora más aciaga acompañada de los áscares del rey Bramo III y logró en una tarea demorosa y terrible expulsar a las fuerzas oscuras de la tierra de los Softwind.

Muchos cuentan que Serenë en su desesperación por salvar el ducado fue la primera duquesa en hacer una alianza con Señores de la Corte Sombría y su influencia y sus enviados poco a poco llegaron al Dominio. Además Serené fue la última duquesa en ser llevada por las doncellas aladas hasta la ciudad secreta de Tirion, ya que su alianza la había hecho por amor a su gente, pero algunos dicen que su lamento se escucha en las montañas de Tirion, pues, en su muerte se dio cuenta del daño que había provocado.

Para el año 1148 d.T. asumió el duque Paris Softwind, sus tratos con la corte oscura eran muchos y diversos, era muy rico y se desempeñaba como Mercader en Lyon y Marsella. Su esposa Melissa Highoak –que era vidente- le profetizó que un mortal tomaría el ducado y que vendría desde las arenas del Sureste. Fue así que el duque prohibió a sus súbditos traer humanos al Dominio.

Siete años después encontró a su hijo Devon junto a su esposa Alania comerciando con humanos encantados dentro del ducado, lo que le valió al primogénito quedar desheredado y se le privó de cualquier derecho nobiliario. Fue así que Su Gracia Elein tomó posesión del título y su hermano fue enviado a la fortaleza de Coldwind.

La historia de Elein y de cómo se enamoró de un mortal y renegó de la corte oscura es contada en otro lugar. Y ahora Devon gobierna el ducado, sin título, gracias a sus amigos siniestros de la Corte Negra. Sin embargo, el dictador ansioso espera saber noticias de la hija de Elein y a todas luces heredera del Ducado de Lothelyon, luego que los dos hijos mayores de Elein fueran hechos sirvientes de los Señores de la Tormenta.

Mientras tanto planea junto a los gringorinos y los Señores de la Tormenta un golpe que le dará el poder de toda la región en caso que la hija de Elein logre su cometido.

martes, octubre 23, 2007

H.ONOR: Reynard Redfox

Reynard Redfox es un joven apuesto y carismático. Su atractivo se debe tanto a su apariencia exótica, de rasgos fuertes y aguzados, como a su carácter extrovertido y risueño.
Reynard tiene ojos almendrados, aunque generalmente sólo su ojo derecho es visible, mientras que el izquierdo está oculto por un parche de terciopelo negro con ribetes color vino tinto. El ojo descubierto resulta fascinante: sobre una esclerótica de color oro batido destaca un iris carmesí con motas doradas, atravesado por una pupila sesgada felina. Este ojo suele estar delineado con kehal.
El ojo izquierdo en tanto es mucho más inquietante. A causa de una herida de juventud, el globo ocular original resultó destruido, y Reynard se ganó una larga cicatriz rosada que recorre la mitad de su rostro verticalmente, desde la mediafrente a la mejilla (lo que en lugar de afearlo, le da una apariencia de audaz madurez casi irresistible para las mujeres). Reynard usa el parche desde entonces.
Sin embargo, hace unos años Redfox pagó a un hechicero necromante que le aseguró poder devolverle la vista perdida. Tras una peligrosa operación (en la que Reynard incluso murió y fue revivido, pero sin darse cuenta), el bardo obtuvo un nuevo ojo: una brumosa esfera de sombras de la que ocasionalmente se desprenden volutas de frío humo. Aunque este órgano fantasmal le permite a Reynard ver ciertas cosas de otro modo invisible, prefiere mantenerlo oculto por el temor que puede despertar en las personas.
La piel de Reynard es de un color indefinible, producto de una intensa mezcla racial que se remonta muchas generaciones. Aunque el color puede describirse de formas diferentes dependiendo de la luz bajo la que se encuentre, en general es de la tonalidad del dulce de leche o la naranja tostada… No es raro además que Reynard se pinte la cara vistosamente, para dar más poder a sus interpretaciones.
De la misma manera, aunque sus cabellos son color azafrán, es su costumbre teñirlos de colores inverosímiles como azul, verde o dorado. Reynard lleva el pelo largo, a veces trenzado, a veces suelto, a veces peinado de maneras más llamativas.
Evidentemente, Reynard usa multitud de adornos adicionales: aros, anillos, collares y pulseras vienen y se van continuamente.
Por último, a causa de la misma batalla en la que perdió el ojo izquierdo, Reynard carece del dedo anular de su mano derecha. Sin embargo, gracias a su paso por una ciudad de industrioso tecnomagos, pudo reemplazarlo con un mecanodedo (un dedo artificial hecho de madera y metal, articulado y unido a la mano por medio de correas ajustables). Pese al aspecto y la carencia de sensaciones, este dedo funciona como uno normal en todos los sentidos, y ni siquiera es necesario sacárselo para lavarse, aunque Redfox lo esconde con guantes de piel de topo cuando hace frío o sospecha que su audiencia es demasiado primitiva.

viernes, octubre 19, 2007

H.ONOR: La Historia del Bardo (X)

HACE 5 AÑOS…

El hombre se hacía llamar Tyrfell. Calentó unos polvos en un plato de porcelana y se lo pasó bajo la nariz. Reynard se durmió casi en seguida.

Cuando despertó, su ojo había vuelto.

Bien, no era realmente su ojo, pero era un ojo. Había un espejo de plata batida en una mesa, y Reynard se miró en él. El ojo derecho seguía siendo el mismo, un iris rojo moteado sobre un fondo amarillo intenso, y en el medio un pupila sesgada, como las de los gatos.

El ojo izquierdo en cambio era completamente negro. Reynard alzó una mano y trató de tocárselo, y se llevó un susto al sentir un frío vacío en lugar de un globo húmedo y blando. Entendió que la cuenca había sido rellenada con algo parecido al humo. De hecho, si giraba la cabeza con rapidez, pequeñas hilachas de niebla negra dejaban un rastro en el aire, como diminutos tentáculos de sombras surgiendo de las profundidades vaporosas de su cara.

Lo extraño es que pese a todo, veía. No de la misma manera que antes, claro, pero veía.

Agradeció al hechicero y le entregó el resto de las cosas que componían el precio de la operación. Era una pequeña fortuna en especias exóticas, hierbas malolientes, partes de animales escurridizos y el viejo y siempre confiable oro.

Volvió a mirarse al espejo y dijo:

- Creo que de todas formas seguiré utilizando el parche.


HACE 3 AÑOS…

La tecnomagia era genial. Reynard podía pasar horas, días y semanas enteras observando los engranajes, las correas, los fuelles y las esferas llenas de líquidos burbujeantes. Era como si el laboratorio de un mago se hubiese estrellado contra una fundición enana.

Otras personas pensaban que la magia por sí sola era suficiente, o que un buen ingeniero no necesitaba hechizos para construir una hermosa cúpula, pero a Reynard le gustaba todo lo nuevo, mientras más complicado, más interesante.

Pensaba que algún día, cuando fuera demasiado viejo para seguir recorriendo los caminos, cuando sus dedos estuvieran arrugados y marchitos y ya no pudiera tocar el laúd o, peor aún, cuando ya no hubiera más lugares que conocer, se convertiría en tecnomago.

Por el momento, sin embargo, se contentaba con haber co-diseñado el mecanodedo postizo que ahora utilizaba en la mano derecha.


HOY…

Las Increíbles Aventuras de Reynard Redfox El Bardo.

miércoles, octubre 17, 2007

H.ONOR: La Historia del Bardo (IX)

HACE 10 AÑOS…

Reynard miró durante unos segundos hacia el puerto, colgado de la popa del barco, agitando una mano y despidiéndose de sus padres y sus hermanos. Las lágrimas corrían por sus mejillas, pero su boca estaba abierta en una sonrisa, y se carcajeaba sobre el mar lleno de gaviotas y peces plateados.

Una voz lo llamó desde la cubierta. Era hora de empezar a ganarse su sustento…


HACE 8 AÑOS…

Rickard El Viejo le había enseñado a leer y a escribir. Tenía casi setenta años y se estaba quedando ciego, así que el capitán Seagull le había ordenado elegir a alguien de la tripulación y enseñarle a sacar cuentas, leer mapas y llevar los libros del barco. Rickard había elegido a Reynard, lo que demostró ser una buena decisión, porque Reynard El Zorro era un aprendiz rápido y audaz, pero también resultó una mala elección, porque Reynard Saltalaborda era impulsivo e irresponsable.

Apenas llevaba seis horas en tierra cuando encontró a los soldados en la plaza, reclutando hombres para el ejército del duque. Así que sin pensarlo dos veces escribió su nombre y un montón de otras cosas sobre el pergamino.

Estaba en una taberna, tomando unas cervezas y vociferando con sus camaradas de viaje, cuando una pareja de Capas Rojas entraron y le dijeron que tenía que ir con ellos. El golpe que le dio el capitán Seagull no le dolió tanto como la expresión de decepción en el rostro de Rickard.


HACE 6 AÑOS…

La espada se hundió en la barriga del hombre como un atizador caliente en un balde de mantequilla. Reynard no había pensado que fuera tan fácil. Sintió ganas de vomitar y estuvo a punto de desmayarse, pero vio algo por el rabillo del ojo y giró para enfrentarse a otro enemigo.

Dos días después, su batallón por fin había rodeado a los bandoleros, y Reynard había matado a cinco hombres y una mujer en el intertanto.

El último combate fue el peor de todos. Los bandidos estaban desesperados, y todos los animales luchan más fieramente cuando no tienen escapatoria. Los hombres son sólo animales con ropa. Muchos de sus amigos murieron en la batalla, pero Reynard tuvo suerte y sólo perdió un ojo, un dedo y unas cuantas pintas de sangre.

Cuando regresó a la capital tuerto y herido, sus superiores no le pusieron problemas: renunció a su paga y entregó su equipo, y con 17 años de vida fue liberado de su contrato con el duque.