Reynard Redfox es un joven apuesto y carismático. Su atractivo se debe tanto a su apariencia exótica, de rasgos fuertes y aguzados, como a su carácter extrovertido y risueño.
Reynard tiene ojos almendrados, aunque generalmente sólo su ojo derecho es visible, mientras que el izquierdo está oculto por un parche de terciopelo negro con ribetes color vino tinto. El ojo descubierto resulta fascinante: sobre una esclerótica de color oro batido destaca un iris carmesí con motas doradas, atravesado por una pupila sesgada felina. Este ojo suele estar delineado con kehal.
El ojo izquierdo en tanto es mucho más inquietante. A causa de una herida de juventud, el globo ocular original resultó destruido, y Reynard se ganó una larga cicatriz rosada que recorre la mitad de su rostro verticalmente, desde la mediafrente a la mejilla (lo que en lugar de afearlo, le da una apariencia de audaz madurez casi irresistible para las mujeres). Reynard usa el parche desde entonces.
Sin embargo, hace unos años Redfox pagó a un hechicero necromante que le aseguró poder devolverle la vista perdida. Tras una peligrosa operación (en la que Reynard incluso murió y fue revivido, pero sin darse cuenta), el bardo obtuvo un nuevo ojo: una brumosa esfera de sombras de la que ocasionalmente se desprenden volutas de frío humo. Aunque este órgano fantasmal le permite a Reynard ver ciertas cosas de otro modo invisible, prefiere mantenerlo oculto por el temor que puede despertar en las personas.
La piel de Reynard es de un color indefinible, producto de una intensa mezcla racial que se remonta muchas generaciones. Aunque el color puede describirse de formas diferentes dependiendo de la luz bajo la que se encuentre, en general es de la tonalidad del dulce de leche o la naranja tostada… No es raro además que Reynard se pinte la cara vistosamente, para dar más poder a sus interpretaciones.
De la misma manera, aunque sus cabellos son color azafrán, es su costumbre teñirlos de colores inverosímiles como azul, verde o dorado. Reynard lleva el pelo largo, a veces trenzado, a veces suelto, a veces peinado de maneras más llamativas.
Evidentemente, Reynard usa multitud de adornos adicionales: aros, anillos, collares y pulseras vienen y se van continuamente.
Por último, a causa de la misma batalla en la que perdió el ojo izquierdo, Reynard carece del dedo anular de su mano derecha. Sin embargo, gracias a su paso por una ciudad de industrioso tecnomagos, pudo reemplazarlo con un mecanodedo (un dedo artificial hecho de madera y metal, articulado y unido a la mano por medio de correas ajustables). Pese al aspecto y la carencia de sensaciones, este dedo funciona como uno normal en todos los sentidos, y ni siquiera es necesario sacárselo para lavarse, aunque Redfox lo esconde con guantes de piel de topo cuando hace frío o sospecha que su audiencia es demasiado primitiva.
Reynard tiene ojos almendrados, aunque generalmente sólo su ojo derecho es visible, mientras que el izquierdo está oculto por un parche de terciopelo negro con ribetes color vino tinto. El ojo descubierto resulta fascinante: sobre una esclerótica de color oro batido destaca un iris carmesí con motas doradas, atravesado por una pupila sesgada felina. Este ojo suele estar delineado con kehal.
El ojo izquierdo en tanto es mucho más inquietante. A causa de una herida de juventud, el globo ocular original resultó destruido, y Reynard se ganó una larga cicatriz rosada que recorre la mitad de su rostro verticalmente, desde la mediafrente a la mejilla (lo que en lugar de afearlo, le da una apariencia de audaz madurez casi irresistible para las mujeres). Reynard usa el parche desde entonces.
Sin embargo, hace unos años Redfox pagó a un hechicero necromante que le aseguró poder devolverle la vista perdida. Tras una peligrosa operación (en la que Reynard incluso murió y fue revivido, pero sin darse cuenta), el bardo obtuvo un nuevo ojo: una brumosa esfera de sombras de la que ocasionalmente se desprenden volutas de frío humo. Aunque este órgano fantasmal le permite a Reynard ver ciertas cosas de otro modo invisible, prefiere mantenerlo oculto por el temor que puede despertar en las personas.
La piel de Reynard es de un color indefinible, producto de una intensa mezcla racial que se remonta muchas generaciones. Aunque el color puede describirse de formas diferentes dependiendo de la luz bajo la que se encuentre, en general es de la tonalidad del dulce de leche o la naranja tostada… No es raro además que Reynard se pinte la cara vistosamente, para dar más poder a sus interpretaciones.
De la misma manera, aunque sus cabellos son color azafrán, es su costumbre teñirlos de colores inverosímiles como azul, verde o dorado. Reynard lleva el pelo largo, a veces trenzado, a veces suelto, a veces peinado de maneras más llamativas.
Evidentemente, Reynard usa multitud de adornos adicionales: aros, anillos, collares y pulseras vienen y se van continuamente.
Por último, a causa de la misma batalla en la que perdió el ojo izquierdo, Reynard carece del dedo anular de su mano derecha. Sin embargo, gracias a su paso por una ciudad de industrioso tecnomagos, pudo reemplazarlo con un mecanodedo (un dedo artificial hecho de madera y metal, articulado y unido a la mano por medio de correas ajustables). Pese al aspecto y la carencia de sensaciones, este dedo funciona como uno normal en todos los sentidos, y ni siquiera es necesario sacárselo para lavarse, aunque Redfox lo esconde con guantes de piel de topo cuando hace frío o sospecha que su audiencia es demasiado primitiva.
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