miércoles, octubre 17, 2007

H.ONOR: La Historia del Bardo (IX)

HACE 10 AÑOS…

Reynard miró durante unos segundos hacia el puerto, colgado de la popa del barco, agitando una mano y despidiéndose de sus padres y sus hermanos. Las lágrimas corrían por sus mejillas, pero su boca estaba abierta en una sonrisa, y se carcajeaba sobre el mar lleno de gaviotas y peces plateados.

Una voz lo llamó desde la cubierta. Era hora de empezar a ganarse su sustento…


HACE 8 AÑOS…

Rickard El Viejo le había enseñado a leer y a escribir. Tenía casi setenta años y se estaba quedando ciego, así que el capitán Seagull le había ordenado elegir a alguien de la tripulación y enseñarle a sacar cuentas, leer mapas y llevar los libros del barco. Rickard había elegido a Reynard, lo que demostró ser una buena decisión, porque Reynard El Zorro era un aprendiz rápido y audaz, pero también resultó una mala elección, porque Reynard Saltalaborda era impulsivo e irresponsable.

Apenas llevaba seis horas en tierra cuando encontró a los soldados en la plaza, reclutando hombres para el ejército del duque. Así que sin pensarlo dos veces escribió su nombre y un montón de otras cosas sobre el pergamino.

Estaba en una taberna, tomando unas cervezas y vociferando con sus camaradas de viaje, cuando una pareja de Capas Rojas entraron y le dijeron que tenía que ir con ellos. El golpe que le dio el capitán Seagull no le dolió tanto como la expresión de decepción en el rostro de Rickard.


HACE 6 AÑOS…

La espada se hundió en la barriga del hombre como un atizador caliente en un balde de mantequilla. Reynard no había pensado que fuera tan fácil. Sintió ganas de vomitar y estuvo a punto de desmayarse, pero vio algo por el rabillo del ojo y giró para enfrentarse a otro enemigo.

Dos días después, su batallón por fin había rodeado a los bandoleros, y Reynard había matado a cinco hombres y una mujer en el intertanto.

El último combate fue el peor de todos. Los bandidos estaban desesperados, y todos los animales luchan más fieramente cuando no tienen escapatoria. Los hombres son sólo animales con ropa. Muchos de sus amigos murieron en la batalla, pero Reynard tuvo suerte y sólo perdió un ojo, un dedo y unas cuantas pintas de sangre.

Cuando regresó a la capital tuerto y herido, sus superiores no le pusieron problemas: renunció a su paga y entregó su equipo, y con 17 años de vida fue liberado de su contrato con el duque.

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