Hace ya mucho tiempo que hemos olvidado todo lo que nos enseñaron la hermosa gente del mar. Aquellas enseñanzas que nos llevarían a la evolución y al progreso de toda nuestra sociedad, sin discriminaciones ni sumisiones.
Mi nombre es Yaimë y soy el Alto Cruzado de la Hermandad de Tormelel, y les contaré a ustedes, iniciados en el Camino del águila y la serpiente, la historia de nuestra ciudad, la sin par Nimphelos.
La tradición dice que hace miles de años vivió una raza de hombres sabios, hermosos y de longevo vivir que habitaban en una isla más allá del Mar Dorado de Surión. Estos hombres que se hacían llamar vanier eran gobernados por un poderoso señor llamado Valanzir y que en esos tiempos viajaba junto a su esposa Nifredil buscando conocer hermosos lugares y sitios de conocimiento.
Así una noche de verano, llegaron a esta costa Tar (el alto) Valanzir y su Tari (reina) Nifredil. Habían sido acompañados por su guardia real que constaba de nueve barcos, en los cuales había no sólo poderosos guerreros, sino también sabios que había recogido en todo el mundo.
Se dice que cuando la reina vio estas tierras se enamoró del aroma del mar, de los bosques que rodeaban las playas blancas y los ríos que corrían por el valle, que sería llamado después Telemnor o el valle de la plata. Así que el Tar vio que había no solo belleza, sino también riqueza en los valles circundantes y decidió explorar todo sus alrededores y posteriormente fundar una ciudadela, a la que llamó Nimphelos y lo que hoy llamamos Izen Nifreal o el castillo de las diez mil Nifrel.
Con el tiempo los reyes volvieron a sus tierras, pero muchos vanier se quedaron en la ciudadela acompañados por sabios humanos que deseaban establecerse en este lugar tan bello. Exploraron la tierra y la explotaron, llenando las arcas con plata y perlas que eran enviadas al reino de mar adentro. Nifredil visitaba la ciudadela con frecuencia y se dice que ella fue la que sembró las 10 mil flores llamadas Nifrel que adornan los jardines de Izen Nifreal.
En esos tiempos Nimphelos era gobernado por un sitha llamado Ulfer y que creo no solo la carta magna de la cual derivó nuestro sistema de gobierno y las bases de nuestra ley, sino también nuestra moneda -la palantire- y el complejo sistema de equilibrio entre las 10 casas de nuestra ciudad. También la actual guardia real o Ulfer Gard se ha beneficiado de la historia y de los conocimientos de Ulfer el sitha.
Podríamos contar muchas otras cosas de ese periodo, pero la mayoría caen en el mito o la leyenda sin muchos fundamentos históricos. Sólo sabemos que unos 300 años después de la fundación de Nimphelos los vanier se retiraron apresuradamente a su hogar y no se supo nada más de ellos. Algunas investigaciones dicen que se desató una guerra en su isla o que un desastre natural había azotado sus costas, pero no hay datos que se consideren concluyentes al respecto.
Así que el gobierno fue entregado por Tasarë el hermoso al primer rey humano de nuestra tierra, Tarcil Magnus, quien gobernó la ciudad durante 70 años y que dimitió su trono a su hija mayor Maiwa Magnus, quien gobernó por 67 años. Así ningún descendiente de Magnus ha conservado el poder de Nimphelos menos de 50 años y menos la elevada figura de nuestro actual jerarca Lókë Magnus, quien ha sido bendecido con una vida larga y rige la ciudad ya por casi 500 años.
Ahora la estructura de las 10 casas se ha mantenido con sólo algunos cambios de orden interno desde los años de los primeros miembros de la Casa Regente Magnus, seguida de las Casas Mardak, Lenz, Auzel, Gazkoyn, Anuziel, Ryuul, Faelun, Randarul y Sithadur. Cada casa con su propio dominio, tanto dentro como fuera de Nimphelos, cuenta con un número de Ulfer Gard que depende de su jerarquía. Así las casas menores (Mardak, Lenz y Auzel) poseen a su cargo a 10 mil Ulfan Gard, mientras que las casas arbitras (Gazkoyn, Anuziel y Ryuul) poseen mil guardias reales y las altas casas de Faelun, Randarul y Sithadur solo cien de estos. La casa real posee exclusivo dominio sobre todos los Ulfar Gard y elige los jueces que hacen justicia en todo el reino.
Claro, el gobierno pareciera tener el dominio de la ciudad, pero desde hace años esto no es tan así. El pueblo llano, el Mayerev, ha crecido desde los tiempos del anterior Magnus, gracias a los milagros de la ciencia y la tecnología ahora no sólo viven más sino tienen más posibilidades de progresar. Quizás no puedan alcanzar la riqueza de la aristocracia –todavía-, pero aún así se ha levantado una alta burguesía capaz de sustentar grandes negocios y de realizar fuertes inversiones que ha mejorado la vida en el Mayerev.
Son estos miembros de la plebe quienes financias las exploraciones en la lejana Selva Negra en búsqueda de riquezas y descubrimientos capaces de acercarlos al cielo de la jerarquía de Nimphelos. Así mismo los científicos e investigadores se han beneficiado de estos recursos para montar empresas de investigación ya sea dentro como hacia las tierras exteriores y salvajes.
Ahora, jóvenes iniciados, he aquí que sólo la Hermandad de Tormelel aún conserva las tradiciones de los antiguos vanier, la sabiduría de las antiguas casas, el conocimientos de aquellos que levantaron esta ciudad y que la hicieron poderosos. Sólo nosotros sabemos que no estamos solos en esta tierra y que más allá de las salvajes selvas y el Mar Dorado de Surión existen otros pueblos y otras naciones, tan o más poderosas y avanzadas que la nuestra.
Es por eso que hoy están aquí, porque a través de la sabiduría, del conocimiento de los misterios y el Código de Serindë, quien fue nuestra fundadora y la más sabia de las hijas de Tar Valanzir, conocerán las maneras de derrotar vuestras debilidades, de abrazar el poder y saber renunciar a el cuando es el momento adecuado. Gracias a eso hemos logrado sobrevivir miles de años, de progresar en la magia y en la ciencia de nuestra hermandad.
Es por eso que podemos decir que los tiempos cambian y que la tormenta llegará pronto sobre Nimphelos. Y que nuestro mundo puede quebrarse y ser tragado por las entrañas de la tierra si hoy no trabajamos con sabiduría para salvarlo.
Yaimë Codici, Alto Cruzado de la Hermandad de Tormelel,
Fragmento del discurso a los Iniciados de la Hermandad.
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