jueves, julio 06, 2006

Nemet: Cronicas de Soren Álicar (parte II)

El viento estaba helado aquella tarde. El cielo cubierto de nubes prometía una fuerte ventisca, por lo que le aconsejamos que mejor se entrara y continuase otro día con sus labores; sin embargo, Ud. dijo que no y nos dispenso para entrarnos a la casa, aunque me pidió que esté atento por si algo sucedía –la voz del joven Josué era lacónica, de vez en vez tosía expulsando gran cantidad de sangre, sus pulmones parecía botar por la boca. Por suerte la luz estaba apagada mientras atendías la enfermedad del mozo-. Descansa, ya podrás contarme luego lo que pasó –le decias al joven intentando apagar el fuego de la duda que quemaba tu ser.

La débil luz del pasillo proyectaba sombras tenebrosas al interior de cuarto, haciendo que tu mente se remonte a aquel nefasto día.

Era el primer día de primavera, pasastes todo el otoño y el invierno creando aquel artefacto que se requería para la invocación. Una máquina compleja, que al desentrañarla te permitió revelar la esencia de algunas palabras.

Era de noche cuando te dispusistes a lanzar el ritual.

“Espíritus del viento,
Espíritus de la tierra,
Espíritus del fuego,
Espíritus de agua.

Oh gran Yaagtiiiavh
Tu que desvelastes los secretos del que se creía superior
Magno portento del conocimiento
Que naces de la entelequia
De aquel que no teme

Desde el pórtico de Nul Iyathu
Clamo tu presencia ahora

Yo, Soren te invoco
Oh señor,
Maestro de alta escuela
Supremo conocedor del infinito

Revelate ante mi presencia
Ahora…”

De pronto te observas mirando tu mano, la marca dejada por aquello. Sacudes la cabeza y vuelves donde Josué. –Qué ocurrió, contesta- sacudes inconcientemente al maltrecho muchacho.

Señor, sólo sé que empezó a nevar muy fuerte, luego a llover, el viento bramaba con intensidad desde las montañas. De pronto sentimos una explosión, la casa fue asotada por als esquirlas de las partes de aquella máquina infernal que construyó y…-podias notar el escalofrío en la piel de Josué, pero lo peor era que te percatabas que era por ti-.
Señor, luego no recuerdo mucho, volé por los aires y caí al suelo. Estuve buscando auxilio cerca de una semana. Regresé a la casa y Ud. no estaba, tampoco estaba…-Josue guarda silencio, se recuesta y da media vuelta.

Un mes después del incidente apareciste, tirado en una cueva, casi moribundo. Cinco personas estaban cerca de ti, todas muertas. Por suerte Islur es una tierra bárbara, porque todo indicaba que fuiste tú.

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