jueves, julio 06, 2006

NeMeT: Crónicas de Soren Álicar (parte V)

Es de noche, la nieve no deja de caer. Esta primavera ha sido bastante particular. Hace dos horas que te has dormido, sin embargo, sólo hace una hora que has entrado en el sueño profundo. Tu cuerpo se mueve de lado a lado de la cama. Las colchas caen al suelo tras los violentos movimientos. Nuevamente parece que las pesadillas asedian tu cabeza.


-Es la hora- susurra para sí Josué mientras observa a su señor, Soren, revolcarse en la cama. Se habla a sí mismo como queriéndose infundir ánimo en su misión.
Josue nunca fue muy creyente, y cuando Soren apareció en su aldea y les ofreció marchar a un lugar donde podrían vivir libremente, él fue el primero hacer esfuerzos en convencer a los viejos de la aldea en aceptar el ofrecimiento. Sin embargo, Josué quería más, el deseaba conocer el mundo, y una vez trasladada su aldea le ofreció, le rogó a Soren para que aceptase sus servicios.
Caminó lo más silencioso que pudo hasta su habitación. Estaba bastante lastimado y cada paso era un dolor indescriptible. –Tengo que hacerlo, Diábolo se ha encarnado en mi señor, no puedo dejarlo que vaya a la ciudad…-repetía una y otra vez Josué. Puso una rodilla contra el suelo y metió una de sus manos entre los colchones de su cama. –Acá está, no se preocupe señor, liberaré su alma-. Josué se levantó y caminó hasta la habitación de Soren. En sus manos portaba la fiel escopeta Tulot zq 23 .50 que había sido usada por su padre para cazar osos.
Se parapetó contra el dintel de la puerta, apuntando hacia el pecho de Soren. Su dedo índice se dirigió suavemente hacia el gatillo. -Lo liberaré- se repitió Josué antes de disparar.


Fue un día largo, intenso. El viaje a la cueva fue bastante agotador. Sin duda deberías ir con bastante más equipo y tiempo si deseas investigar a cabalidad todo el complejo de cavernas a las que se puede acceder a través de aquella cueva.
Con el anillo tampoco lograste mucho, excepto por esas visiones de aquellas criaturas extrañas, semitralúcidas, que poseían una magnífica tecnología. Ni en tus sueños has visto algo así. Ni idea que eran.
Mucho más esperas avanzar utilizando el texto de Urbano Caput llamado De Psicologiae et Spirit. A través de éste quizá podrás entrar en autohipnosis y averiguar que está sucediendo contigo. Josué está bastante asustado y evita mirarte.

Una vez preparado el brebaje adecuado, colocar aquella música repetitiva, te intentas dormir buscando las respuestas en tu cabeza.
Tus ojos se abren y te sientes cayendo en medio de la oscuridad, desde arriba tuyo observas como una hermosa señora cae encima de ti. Tu la conoces, pero no parece haber tiempo de recordar viejos momentos.
La mujer te agarra de ambos brazos mientras vas cayendo, te mira al rostro fijamente. Escuchas una bella melodía que parece aguardar tu caída. Por un instante intentas observar lo que parece aguardarte, pero la fiera mirada de la mujer te lo impide. -No lo hagas,- te señala mientras la caída continúa -debes liberarte, has despertado un mal tan antiguo que ni siquiera el elfo lo conoce. No hagas algo de lo que te arrepentirás.- te suplica una y otra vez.
En un determinado instante logras girar la cabeza, observas hacia abajo, están por golpear el suelo. Ves a la criatura. Un metro ochenta o quizá dos, el cuerpo apenas lo puedes distinguir de la oscuridad reinante, no podrías describirlo ni aunque te esforzaras. A su lado observas sin embargo, dos naves…si dos naves, de color rojo, su apariencia es la de un crustáceo, pero tú sabes que son naves voladoras. Sientes la mirada de la criatura que te observa desde abajo. Sientes que tu corazón se acelera, sabes que las respuestas que esperas están abajo, pero también los peligros.
-No te dejes sucumbir, vete- escuchas que grita la mujer mientras empieza a soltar tus brazos.

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