El Extranjero*
Mientras dormía el inmortal Manases en la ciudadela que los enanos habían construido para él, un extranjero llegó a las poderosas puertas de piedra del refugio del vampiro y atravesó las enormes puertas como un fantasma y recorrió los laberínticos pasillos hasta la cámara vacía y silenciosa de Purmina la enana que había salido hacía mucho al mundo exterior. Así que la guardia de Manases consistía en los hechizos de piedra y fuego de los enanos y un par de trampas de poder que el mismo vástago había colocado cuando todavía esgrimía una parte del poder interior.
El forastero hizo uso de su propio fea –el poder interno capaz de cambiar el mundo- y tejió un paso a través de las salvaguardas, Luego revisó su desempeñó y avanzó con la prontitud del relámpago y las puertas de galvorn de la tumba de Manases se abrieron. Marchó hasta encontrarse frente al lecho del no-vivo y levantó la lámina de piedra mientras desataba las trampas de poder y magia que mantenían al vástago inmortal en su eterno descanso. No se preocupó, aún faltaban siglos quizás milenios para su despertar.
Observó a su fiel vasallo y compañero de batallas, rememorando un tiempo lejano anterior a la nueva creación y a la Gran Guerra Vana. Acarició su frente marchita por el tiempo y la falta de sangre, la piel estaba pegada a los huesos y los ojos parecían faltar. No obstante, sintió la mirada del vampiro a través del sueño inmemorial y tuvo que tejer una red de no existencia y volcar parte de su tejido en una matriz de tranquilidad que subyugara al espíritu del vampiro, pues, lo que realizaría sería doloroso. No sólo para el vampiro, sino también para el.
A pesar de las dudas era lo correcto, un vampiro tan poderoso con el poder del fea era un factor demasiado importante para soslayar en el libro del destino. Así que esgrimió su poder hacia el abdomen donde la piedra de poder brillaba y alzó una buena parte de esa energía, dejando lo suficiente para que el vampiro sobreviviera. En ese momento tuvo una visión y supo que el vampiro esgrimiría el poder íntimo algún día, pero de una manera diferente.
Luego observó el cristal en sus manos, brillante y azulado como el cielo, y lo ocultó en sus ropas mientras susurraba palabras de paz y armonía a Manases.
Se retiró de la ciudadela, dejando descansar al enlutado ser en su ciudadela abandonada, y se dirigió hacia los lóbregos pozos donde los esbirros de Osak habían establecido un lugar de terror y oscuridad. Se apresuró ya que llegaba el tiempo del destino, caminando sin que nadie reparara en su presencia hasta donde los prisioneros hacían escuchar sus lamentos y su dolor. Sin embargo, no había tiempo, pues, debía llegar antes de la concepción.
En una habitación más amplia una pareja, un macho y un hembra elfos, eran engañados por sus propios deseos e ilusiones por medio de la negra magia de Osak. El macho creía que al fin su amor era aceptado por la mujer que amaba, mientras la mujer creía que estaba en brazos de su amado esposo. Un triste destino cuando despierten a la verdad pensó el extranjero, pero aquel era el tiempo y el lugar.
Se acercó a los elfos y empezó a murmurar palabras arcanas mientras esgrimía el cristal garzo y resplandeciente que había pertenecido a Satnaupanea Manases. El cristal se disolvió poco a poco, fusionándose al ser que se concebía en el vientre de la elfa y dando paso a una encarnación en vida del alma del vampiro.
Cuando terminó, el extranjero sintió lástima del alma de la hembra y el macho elfo, al igual por el infortunado esposo. Pues, estas entelequias necesitaran muchas vidas para romper el sufrimiento de esta encarnación, mas la vida de este vientre ayudará en parte a crear un nuevo futuro se dijo el forastero.
El extranjero dejó a los desdichados amante y se dirigió a los bosques lejanos en el sur y al este, hasta una gran ciudadela de magos elfos. Recorriendo los bosques y los claros hasta encontrar a un macho elfo vestido con túnica roja y con el rostro contraído por el pesar. Entonces se mostró y el elfo se sorprendió, pero, no hizo ademán de esgrimir su poderosa magia.
Entonces el extranjero habló: “Orthas de la casa Damodred... te diré donde está tu esposa y tu leal compañero Peandoril”.
Sólo con esas palabras dio paso a un nuevo destino, y el extranjero se aseguró de la ascensión y caída de dos esencias.
* Esta historia explica la existencia de Paendrag Demodred, un conocido elfo de la antiguedad, y la forma como éste pudo ser una reencarnación de Satnaupanea el vampiro.
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